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jueves, 18 de abril de 2013

--- Arcobriga

Citada por Plinio, Ptolomeo, el Itinerario de Antonino, el Anónimo de Rávena y otras fuentes (tésera de Monreal de Ariza), está en un yacimiento de ese término. Es voz céltica. En época imperial romana era etapa oficial en la vía de Zaragoza a Complutum (Alcalá de Henares), a medio camino entre Aquae Bilbilitanorum y Segontia (Sigüenza).

En la margen derecha del río Jalón, a unos dos kilómetros al oeste de Monreal de Ariza, en el Cerro Villar, se encuentran las ruinas de esta ciudad cltíberoromana. Actualmente queda fuera de toda duda que estas ruinas corresponden a la antigua ciudad celtibérica, cuyo nombre atestigua un antiguo culto al oso entre las poblaciones celtas.
Motivos expresados en la cerámica
Arcobriga conserva todo su sistema defensivo, formado por dos anillos de muralla apoyados en los amesetamientos concéntricos del cerro y en un muro que cierra la acrópolis de la ciudad. En la primera meseta, los restos puestos al descubierto no indican más que pequeñas casa dispuestas sin demasiado orden. Atravesando el segundo cinto de murallas se penetra en la segunda meseta, donde se encuentran los edificios públicos de la ciudad ya romanizada.
En la zona noroeste del cerro, el marqués de Cerralbo excavó a principios de este siglo unas grandes termas comparables a las de Los Bañales de Uncastillo, y a las de Bilbilis, en Calatayud. El espacio destinado a las instalaciones termales ocupa una superficie de 700 m , la mitad de los cuales están ocupados por el edificio propiamente dicho, quedando el resto al aire libre. Dentro de la construcción se puede identificar varias de sus dependencias: en primer lugar se encuentra el vestuario (apodytherium), en cuyas paredes todavía se aprecian los restos de las taquillas; desde aquí se puede pasar a una sala con agua caliente (caldarium), o a una pequeña piscina de agua fría (frigidarium), con sus correspondientes escaleras de ingreso; desde la sala de agua caliente se accede a otra gran habitación (tepidarium), en la que se mantiene una temperatura superior a la ambiental; debajo de estas dos últimas dependencias se dispone el sistema de calefacción (hypocaustum).
Motivos en la cerámica
En la ladera noreste está enclavado el templo de la ciudad, construcción de planta rectangular y dividida en dos naves. (Joaquín Lostal Pros)
Las ruinas de Arcobriga se extienden por las dos grandes mesetas que conforman el Cerro Villar -debidamente amurallado aprovechando la orografía del terreno- concentrando el segundo montículo la parte más monumental de la ciudad, con unas termas recientemente revisadas y acondicionadas para su visita y los restos de un posible templo. En las termas (con foto en el encabezamiento de esta entrada), en el caldarium, se conserva in situ una inscripción sobre bloque arquitectónico seguramente alusiva a la donación por parte de un tal C(aius) Allar(ius) de parte del conjunto recreativo
 En la Necrópolis se han encontrado en varias tumbas numerosos objetos de metal:
Espadas con antenas tipo La Tène realizada en hierro. damasquinado, Fíbulas de hierro y de bronce con esquema de La Tène, broches, fragmentos y punta de lanza, cuchillos afalcatados de hierro, varias urnas de cerámica a torno, espadas tipo Arcobriga, anillas, y restos de la presillas, de sujeción de un escudo, hojas de afeitar de acero, tijeras de hierro. fragmentos de envainaduras y de puñales biglobulares de hierro. Se ha encontrado también un armazón de tocado. Pieza de hierro completa, compuesta por un largo vástago de sección rectangular, cuya parte inferior presenta un resalte ligeramente ensanchado, para abrirse en una abrazadera, en forma de «U», quizá una banda o diadema, con dos brazos de sección rectangular, Espadas de antenas tipo Atance
aplanada. Presenta una perforación circular en cada uno de los extremos, de terminación redondeada. La parte superior se bifurca en otras dos delgadas varillas, a modo de una horquilla, de extremos romos, ligeramente arqueados. Placas complejas articuladas  rectangulares, realizadas sobre una fina lámina de bronce que ofrece, mediante repujado, una decoración de círculos concéntricos dispuesto a lo largo de una cenefa que recorre el reborde externo. El campo interior es ocupado por otros tres círculos concéntricos radiados, a modo de soles. Posiblemente, presentara dos agujeros en la parte superior, de los que queda uno en el ángulo derecho. Por su parte, en la parte inferior presenta dos agujeros de forma circular, que debían recorrer equidistantemente la zona, aunque su fragmentación impide, actualmente, contabilizar el número exacto de perforaciones que ofrecería originalmente. También se encontraron pulseras esféricas y campànillas, botones, alfileres.

Broches encontrados

CERÁMICA

CERÁMICA A MANO

Hay varios fragmentos de  cuencos de perfil cónico que presenta un borde recto de labio biselado al interior y exterior. La base no se conserva. Pasta grosera de color gris. Tratamiento superficial alisado.

2. CERÁMICA A TORNO

Se encontró una urna ovoide de corto borde saliente y labio apuntado. Ofrece la base fragmentada de pasta naranja con desgrasante imperceptible
Se hallaron también varias  urnas ovoides que ofrecen un corto cuello troncocónico y borde saliente de labio redondeado. El cuello, indicado, presenta en su base una moldura en forma de arista. La base se encuentra rehundida hacia el interior de la vasija.
Un Cuenco hemiesférico de borde saliente y labio redondeado. La base presenta un marcado umbo central de pasta ocre y fina, con desgrasante imperceptible.
Varios fragmentos de cuencos carenados hemisféricos

Varios  pies de urna o copa. Presenta una elevada peana maciza de tendencia cilíndrica que a través de suaves molduras se abre a un cuerpo de tendencia globular y un pie exvasado con pasta fina de ocre
 
Urna cineraria de perfil cóncavo-convexo fabricada a torno, rematado en un borde vuelto. Se sustenta sobre un pie bajo y acampanado.
Fusayolas de cerámica de forma posiblemente bitroncocónica, decoradas mediante un círculo de puntos impresos en torno a la base y otro más en el cuerpo inferior

martes, 16 de abril de 2013

--- Kelin


El yacimiento de Los Villares, identificado como la antigua ciudad ibérica de Kelin a partir de los estudios numismáticos, se encuentra en el término municipal de Caudete de las Fuentes (Valencia) y tiene una extensión aproximada de 10 hectáreas. Se sitúa cerca del nacimiento del río Madre, en una loma que se eleva 800 m.s.n.m., destacando sobre el llano circundante. El carácter estratégico de su ubicación viene marcado por su proximidad a dos vías de comunicación que permitían el contacto entre el litoral mediterráneo y la meseta interior, de Este a Oeste, y entre Aragón y la Alta Andalucía, de Norte a Sur.
La población que se instala, a principios del siglo VII  a.C., en el cerro de Los Villares tiene una cultura material característica de un Bronce Final avanzado que recibe de forma casi inmediata productos procedentes de la costa.
Hasta inicios del VI a.C. existe una secuencia ininterrumpida de fases constructivas y remodelaciones de los espacios habitados y de circulación que apenas se intuyeron en las publicaciones anteriores (Mata, 1991, 24; Mata et alii, 1999).
Las viviendas son alargadas, separadas en algunos casos por estrechos pasillos, sin apenas divisiones internas y con un hogar circular, plano o en cubeta. Las paredes son de adobe sobre un zócalo de dos hiladas de piedras pequeñas.

Los olcades de Kelin se cree que eran de etnia o estirpe celta, pero con costumbres íberas ya fueran edetanas o contestanas, es decir, procedían de la cultura de la Tene asentados cerca de la Comunidad Valenciana. Así  vemos que eran fronterizos con la Edetanía o Contestanía. Son más bien lo que llamamos Celtíberos, ya que eran como hemos dicho pertenecían a las antiguas oleadas de pobladores llegados a la península que posteriormente adquirieron la cultura de los íberos.
Alcanzó su máximo esplendor en torno a los siglos IV-III a. C., llegando a convertirse en capital de un amplio territorio ibero que superaba los actuales límites administrativos de la comarca de Requena-Utiel. Como lugar central, Kelin estructuró su territorio mediante una red de asentamientos interdependientes con funciones diversas y complementarias, tanto defensivas como productivas.
El poblado tan sólo conserva posibles tramos de muralla o de muro perimetral en su lado oeste y todavía no ha sido localizada su necrópolis. Por otro lado, tal y como era práctica habitual entre los iberos, se han hallado algunos enterramientos infantiles en el interior de las casas, normalmente bajo pavimentos y/o muros.
Se conoce su existencia desde mitad del siglo XVIII, aunque no fue hasta mediados del siglo XX cuando comenzaron las excavaciones arqueológicas. En él se han realizado, entre 1956 y 2002, 23 campañas centradas en una superficie de unos 1000 m2, en los que se ha podido constatar una dilatada cronología. La loma de Los Villares se ocupa ininterrumpidamente desde inicios de la Edad del Hierro (aproximadamente en el 680 a. C.) hasta época iberorromana (75 a. C.), ofreciendo una horquilla cronológica excepcional en el registro arqueológico valenciano.

Su larga ocupación permite ver la evolución de su estructuración interna y su arquitectura. En los niveles fundacionales del siglo VII a. C. se observa un urbanismo incipiente, con habitaciones rectangulares sin divisiones internas separadas por estrechos pasillos. En el Ibérico Pleno (siglo IV-III a. C.), por contra, el poblado se caracteriza por presentar un urbanismo mucho más complejo, lo que se traduce en calles anchas que permiten el tránsito de carros. Éstas se entrecruzan formando un plano ortogonal con manzanas constituidas por grandes viviendas, de entre 80-100 m2. Su espacio interior aparece dividido en varias estancias, algunas de ellas con una funcionalidad específica. La habitación principal de las viviendas se dedica a múltiples labores (cocina, descanso, etc.), puesto que es donde se encuentra el hogar central, mientras que los departamentos más alejados de las puertas actúan como almacenes y/o despensas. Una de las viviendas ha sido interpretada como la casa de un rico comerciante, ya que cuenta con una bodega donde se han documentado más de 70 ánforas fragmentadas. En toda la casa hay un total de 98 recipientes grandes, entre ánforas y tinajas, lo que permitiría el almacenaje de unos 7.460 litros. Además, también cuenta con un pequeño taller de forja, así como otro tipo de bienes que denotan su elevado estatus (una pulsera de plata, cerámicas de importación, etc.).



El hallazgo, en 1979, de una copa jonia sirvió para identificar y datar el primer lote cerámico indígena del siglo VI; en cambio, el espacio donde se encontraron apenas aportó información al estar muy incompleto. Estos materiales ya se han publicado con anterioridad por lo que no se van a tratar con detalle pero, por su interés, se recogen aquí algunas de las piezas a torno por ser las más significativas del siglo VI: dos tinajas pintadas, una de ellas con hombro carenado como las ánforas, un plato gris y una urna de orejetas también en gris.
Los materiales encontrados son, sobre todo, cerámicos, aunque también hay una varilla de hierro y un fragmento de molino barquiforme.
Kelin acuña moneda propia durante un corto periodo de tiempo entre la segunda mitad del siglo II y comienzos del I a. C. Las monedas, ases y semis, son de bronce y formarían parte de una emisión muy limitada, destinada a usos locales y cotidianos.

 

Asociados a cerámicas del siglo VI, hay dos hogares  formalmente distintos a los datados en el siglo VII que en Los Villares son siempre circulares.
En el siglo V ya han desaparecido las importaciones fenicias y todavía no han llegado masivamente las púnicas y griegas, de ahí alguna de las dificultades existentes para aislar ajuares y niveles de esta  cronología.
 
Las aproximaciones al cómputo demográfico apuntan a que el poblado, durante esta fase, pudo contar con una población de entre 3.800 - 4.000 habitantes. La vida del mismo parece llegar a su fin de forma violenta en torno al 80-75 a. C., tal y como se deduce del estudio de las importaciones y la numismática. Se ha planteado la posibilidad de que Kelin tomara partido en la guerra civil que sufrió la República romana durante esos años.
El material recuperado es, ante todo, cerámica a torno de clase A –oxidante y reductora- y B, junto a un pequeño porcentaje de cerámica a mano; entre las importaciones hay un fragmento de cerámica ática y otro de ánfora fenicia; los objetos de hierro tienen una presencia mayor que en el siglo anterior.
Los asentamientos son de nueva planta y buscan nuevos emplazamientos, más cercanos a las tierras de cultivo.
Excepto dos de ellos, todos se sitúan en elevaciones más o menos destacadas y son de tamaño medio o pequeño
(< 4 ha). El único lugar parangonable a Kelin por tamaño, volumen y calidad de los materiales es Requena, pero dado el estado actual de la información no se puede decir mucho más al respecto. En consecuencia, se puede afirmar con rotundidad que el asentamiento mayor era Los Villares, donde los materiales y construcciones de esta cronología se han localizado en diversos puntos de su superficie (Mata, 1991, cuadro 1 y lám. I; Mata et alii, 2001 a, 83 y b, 319), manteniendo las dudas razonables sobre Requena.
Las ánforas fenicias llegan a casi todos estos lugares, pero en Los Villares, además, se encuentran tinajas, trípodes, barniz rojo, así como algunas imitaciones a mano y a torno; en Requena, hoy por hoy, falta el barniz rojo. Es decir, se aprecia una distribución selectiva de productos desde los centros mayores: Requena es el lugar más próximo a la vía de comunicación desde la costa, por lo que el control de la misma le permite conseguir productos variados; Los Villares es el destino principal de estos productos exóticos; los demás asentamientos, situados al Norte y al Oeste de Los Villares, reciben vino fenicio como forma de mantener fidelidades y asegurar una explotación adecuada de las nuevas tierras.
El gran salto poblacional se produce a lo largo del siglo VI contabilizándose 39 asentamientos de esta cronología.
La mayoría se ubican en el llano o sobre ligeras elevaciones y se configuran como lugares abiertos, con escasa
densidad de material. Esto ha llevado a interpretarlos como hábitats, con poca población, dedicados a actividades agrícolas que, en algún caso, pudieron tener carácter estacional.
Es, en este momento, cuando en Los Villares/ Kelin se producen las primeras transformaciones significativas
en la organización interna del asentamiento, cuando llegan las primeras cerámicas griegas y los objetos de hierro son más numerosos. En cuanto a la agricultura, el registro carpológico muestra una mayor presencia de semillas de vitis, lo que significa que el cultivo de la vid se va consolidando.
No es descabellado pensar que la fundación de nuevos asentamientos se dirigió desde Kelin con el fin de ocupar nuevas tierras para el cultivo, obtener recursos minerales y, con los lugares en alto, poner las primeras bases de control del territorio. Las manifestaciones religiosas de carácter territorial quedan plasmadas en la frecuentación de la cueva del Puntal del Horno Ciego (Martí Bonafé, 1990).
Su destrucción podría ser consecuencia del correctivo que Roma aplicó a aquellas ciudades iberas que apoyaron al bando derrotado, el sertoriano.



lunes, 15 de abril de 2013

Economía de los Vacceos

Los vacceos que habitaron en las orillas del Duero crearon un sistema agropecuario, con una agricultura cerealista extensiva que aportó al paisaje de hace 2.000 años una imagen muy similar al que actualmente tiene
Respecto al sistema colectivista agrario, Diodoro de Sicilia escribe lo siguiente: el más avanzado de entre los pueblos vecinos a éstos (los Celtíberos), es el conjunto de los llamados Vacceos: pues éstos, cada año, distribuyen la tierra arable a los labradores, y poniendo en común sus frutos, entregaban a cada uno su parte, y a los labradores que se apropiaban de alguna parte para ellos mismos, daban la muerte como castigo.
Las tierras no eran de nadie en particular, sino de todos. Una agricultura comunitaria. Ninguno tenía las mejores tierras ni las peores. Cada año, tras sorteo, cada familia cultivaba las señaladas por la fortuna y llegada la cosecha depositaba lo recogido, sin quedarse un celemín, en un granero comunal, en un pósito, en una silla - salvando las distancias-, desde la que se procedía a redistribuir el grano según cada quién y sus necesidades.
Corría el siglo III a. C. y formaban una sociedad agrícola y pastoril que vivía del intercambio de productos.
Fueron un pueblo de granjeros que se dedicaron principalmente al cultivo de  los cereales, donde se cultivó fundamentalmente el trigo y la cebada, eran viticultores, es decir, que se dedicaban también a la plantación de viñas  y a la ganadería ovina, según demuestran los diferentes hallazgos encontrados en muchas de sus poblaciones. Su agricultura fue de tipo colectivista, es decir, basada en la propiedad colectiva, y la ganadería era trashumante.
Pese a que los escasos datos recogidos en las zonas vaccea más próximas (Roa, “El Soto de Medinilla”, Padilla) sí se sabe que los bóvidos eran abundantes por entonces en Rosa, y todo lo contrario en “El Soto de Medinilla”.
Se cree que hubo gran desarrollo de los ovicaprinos y suidas. Hay referencias en los clásicos sobre mantos de lana llamados “saga”, de color negro. Aparte de su importancia alimentaria, también la tenían en temas textiles estos animales, los animales domésticos por entonces llegaron a ser tan importantes que llegaron a convertirse e tributo en tiempos de guerra, por ejemplo: Lúpulo, después de atacar “Intercatia”, recibió 10000 capas de lana y cierta cantidad de ganado.
Los cerdos domésticos también se ofrecieron como ofrendas, según parece por los restos encontrados en Padilla de Duero y la aldea alavesa de La Hoya, La importancia tanto del cerdo doméstico como del jabalí (cerdo salvaje) llegó a manifestarse en objetos como puñales, espadas o fíbulas; y también que en una tumba se encontró un puñal damasquinado de plata de un individuo pudiente.
También destacaron las gallinas, especie traída por los fenicios. También se ofrecían como ofrendas, y también se encontró un vaso pintado en “El Soto de Medinilla” con una imagen suya.
La caza también fue importante, destacando lepóridos y cérvidos. Según Apiano y pruebas arqueológicas, en “Intercatia” comían bastante carne de liebres y ciervo, pero estos alimentos provocaron al ejército romanos problemas digestivos.
El caballo les sirvió tanto de alimento como recurso táctico, llegando a ser famosa la caballería celtibérica de “Pallantia” e Intercatia”.
Los silos revelan que los vacceos también se dedicaron al cereal, llegando a dotar a localidades como “Numantia” y esto les hizo enemigos de los romanos; Escipión se dedicó durante el 134 a.C. a acabar con las cosechas de los vacceos, en este sentido conviene recurrir al escrito de Diodoro: “Cada año reparten los campos para cultivarlos y dan a cada uno una parte de los frutos obtenidos en común”; “A los labradores que contravienen la regla se les aplica la pena de muerte”. Estos textos manifestaban que la economía vaccea estaba basada en la propiedad en común de la tierra y en un sistema de colectividad agrario basado principalmente en el cereal. También se descubrió una migración anterior a un asentamiento estable como consecuencia de su desarrollo pastoril y la novedad del arado, apreciándose también su organización social. Además, incluso según la información que proporciona Diodoro basada en la de Posidonio (naturalista y filósofo que estuvo en la Península hacia el 100 a.C.), esta forma económica vaccea se basó tanto desde el punto de vista económico como militar: por entonces se mantuvo una larga guerra contras los romanos (quienes acabaron venciendo); y esta situación les levó a tomas ciertas medidas drásticas como la pena de muerte a los que infringían las normas.
La industria agropecuaria también contribuye a la economía vaccea. Estudiando sus costumbres se sabe que hubo gran cantidad de intercambios con las zonas colindantes: por esta zona también hubo un sector de orfebrería claramente distinta de la del Noreste peninsular y de la zona ibérica que distribuía principalmente a la zona vaccea a cambio del correspondiente cereal a modo de trueque.
La cabaña ganadera estuvo constituida, por orden de importancia, por vacas, ovejas, cabras, cerdos, caballos, gallinas y conejos. Los ovicaprinos tuvieron gran importancia no tanto en relación con su consumo como por los productos derivados y en particular por la lana. Materia prima, de característico color negro, que serviría de base para una floreciente actividad textil: la confección de saga o capas de lana, cuyo aprecio convirtieron a este producto en valor de cambio en el pago de tributo de guerra. Por su parte el caballo, antes que en relación con el consumo, debió de jugar un papel importante como elemento táctico; el elogio que los autores clásicos hacen de la caballería celtibérica, y por extensión de la de algunas ciudades vacceas como Pallantia o Intercatia parece suficientemente expresivo al respecto. Muy probablemente el vino fuera ya producido cuando menos desde el siglo II a.C., según vienen a demostrar algunos datos de Cauca, pero su consumo frecuente está acreditado desde los inicios del siglo IV a.C. en copas recuperadas en el cementerio de Las Ruedas de Pintia.
 Con todo, el sector agropecuario no debió de constituir la base económica exclusiva de las gentes vacceas. El análisis de la cultura material obtenida en el registro arqueológico permite concluir el alto desarrollo de sus manufacturas y la intensidad y alcance de los intercambios comerciales que, amen del marco local, habrían alcanzado cuando menos una dimensión interregional, especialmente con la zona septentrional de las actuales provincias de Palencia y Burgos, e incluso Álava, donde se establecieran los históricos cántabros, autrigones, turmogos o berones.
Uno de los déficits más evidentes en este territorio sedimentario de la zona central de la Cuenca del Duero fue la ausencia de criaderos metálicos que sustentaran los trabajos de broncistas, herreros y orfebres. Y sin embargo, dentro de la región vaccea encontramos una espléndida variedad y cantidad de elaborados metálicos, algunos de ellos incluso con rasgos de peculiaridad suficientes para otorgar a la metalistería u orfebrería unas señas de identidad propias.  Es evidente que el excedente de producción cerealista sirvió para intercambiar todas una serie de materias primas, entre las que incluiríamos también el granito tan habitual para confeccionar los característicos molinos circulares, con áreas circundantes.

--- Cauca

En la Segunda Edad del Hierro, a partir del 500 a. C., la ciudad de Cauca de los textos clásicos, es una de las ciudades más prósperas del valle del Duero. Tiene entre 6 y 8 mil habitantes, un urbanismo plenamente desarrollado, unos órganos de gobierno independientes, y una economía diversificada (incluyendo el comercio). Es, como el resto de ciudades vacceas, una ciudad-estado dirigida por una aristocracia guerrera, muy potente política y militarmente y, gracias a su particular situación estratégica, fácilmente defendible al encontrarse entre los profundos tajos de los ríos Eresma y Voltoya. Completa esta defensa natural con una potente muralla como señalan los autores latinos.


Pero la ciudad vaccea de Cauca se puede reconocer arqueológicamente como tal desde tiempos anteriores a los de la conquista, pues tras una fase formativa que discurriría entre pleno siglo VI a. C. y mediados del V —en la que ya están presentes las sepulturas de incineración, los primeros objetos de hierro y las cerámicas torneadas, de importación ibérica—, eclosiona en la segunda mitad del siglo V a. C. y comienzos del IV.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en los últimos veinte años nos han proporcionado conocimientos relativos al proceso de crecimiento urbano, a su arquitectura doméstica, a las características de alguno de sus viales, a los espacios de talleres, etc., pero sobre todo lo que mejor conocemos es cómo han ido evolucionando físicamente muchos de los útiles y adornos que rodearon la vida de generaciones de vacceos caucenses (recipientes cerámicos, útiles de hueso y de hierro, elementos de adorno personal...)
Sabemos por las fuentes clásicas (Appiano) que Cauca vaccea estuvo protegida por una muralla, a buen seguro construida con adobes, tapial y madera —materiales habituales de las edificaciones domésticas caucenses—, cuyos restos aún están por ser descubiertos. Teniendo en cuenta que las tres cuartas partes del perímetro urbano de Cauca estuvieron definidas por los tajos labrados por los ríos Voltoya y Eresma —que en época vaccea serían menos abruptos que ahora—, la muralla sólo protegería el flanco más vulnerable, el sur-sureste, que es el que enrasa con la meseta. Sería, por tanto, una muralla parcial, no perimetral. En total, el espacio urbano pudo haber alcanzado las 25 ó 26 hectáreas en los siglos II-I a. C., pues si bien durante cierto tiempo sostuvimos la idea de que su extensión no excedería las 18 ó 20 hectáreas, un análisis más ajustado de los espacios periféricos del yacimiento que se han perdido por causa de la erosión, los corrimientos de tierras de los que tenemos constancia histórica y las destrucciones de época medieval y moderna nos obliga a proponer una extensión mayor de la que suponíamos. Puesto que en todos esos cortados son visibles restos de construcciones vacceas superpuestas que, evidentemente, y por seguridad, no estarían al mismo borde de la caída a los cauces fluviales, sino a una distancia prudencial de los mismos, a la extensión que hoy se puede medir en los mapas topográficos hemos de añadir entre cinco y siete hectáreas más. 


 A las dimensiones de Cauca hemos de añadir las tres hectáreas que llegó a alcanzar el "barrio satélite" existente en la meseta del vecino cerro de Cuesta del Mercado, localizado en su extremo occidental concretamente. Y es que al otro lado del Eresma Cauca contó con una aldea aneja que estuvo ocupada de forma permanente desde la Primera Edad del Hierro (fase plena de la cultura del Soto) hasta mediados del siglo I a. C. en que se deshabitó. Quienes residieron en este barrio debieron de tener cierta autonomía respecto al núcleo principal, pues dispuso de sistema propio de protección urbana: un foso que perfectamente se reconoce en las fotografías aéreas e incluso a pie de yacimiento, y es posible que un complemento aéreo construido en materia lígnea, una especie de empalizada, aunque esto último es una suposición que sólo la excavación podría confirmar o desmentir.
De Cauca sabemos que las casas eran de planta rectangular, construidas con adobe, tapial, madera y muy poca piedra, tenían una sola planta, las cubiertas eran de ramajes sobre estructura de madera, las paredes interiores estaban enfoscadas y después encaladas o pintadas de blanco, unos suelos eran de tierra prensada pero otros de placas de barro cocido, ya disponían de rodapiés de barro de sección en cuarto de círculo y contaban con pequeñas construcciones anejas usadas como almacén o despensa. Cauca vaccea era una ciudad de barro y madera, muy vulnerable, por tanto, al fuego, ya que los hogares se situaban dentro del espacio doméstico.













--- Pintia

La localización vaccea de Pintia está situada a cuatro kilómetros de Peñafiel y pertenece a una época comprendida entre los siglos IV a. C. y el VII d. C. Se trata de uno de los yacimientos arqueológicos más importante de Castilla y León.
Las excavaciones arqueológicas de Pintia, en Padilla de Duero, han permitido estudiar toda una cultura como la vaccea. El trabajo de los arqueólogos de la Universidad de Valladolid ha hecho posible, a través de la necrópolis descubierta, atesorar vestigios, huellas y costumbres de nuestros más directos antepasados y, por lo tanto, conocer los rasgos que nos caracterizan y la cultura de la que descendemos.

Todo ello, sin apenas apoyo oficial y, en no pocas ocasiones, con el esfuerzo económico personal de los propios investigadores.
Los vacceos que habitaron en las orillas del Duero crearon un sistema agropecuario, con una agricultura cerealista extensiva que aportó al paisaje de hace 2.000 años una imagen muy similar al que actualmente tiene. Los vacceos fueron hábiles artesanos, herreros, ceramistas, orfebres... y situaron sus productos entre los apreciados de aquella época.
Pintia fue una ciudad cuya andadura se prolongó durante la romanización de la Meseta, dilatando su existencia hasta el periodo hispano visigodo, para convertirse en testimonio milenario de nuestra historia.
La exposición se estructura en tres secciones: Pintia cotidiana, Pintia simbólica y el Centro de Estudios Vacceos Federico Wattemberg.
Herramientas
En la Pintia cotidiana se muestran los recursos subsistenciales, sobre todo herramientas empleadas en la agricultura, así como esqueletos silíceos de cereales encontrados en el interior de los adobes constructivos. Y, además, una interesante colección de vasijas y otros elementos empleados en el acontecer diario de la bimilenaria ciudad.
 

En la sección Pintia simbólica, se recogen las respuestas dadas por sus habitantes al universal hecho de la muerte, con la presencia de los objetos encontrados en sus tumbas, puñales, caetras, vasos funerarios, etc.
La última parte de la exposición ofrece la posibilidad de conocer en profundidad el proyecto arqueológico que se está llevando en el yacimiento arqueológico de Pintia.

Durante mucho tiempo se elucubró con que Pintia era Valladolid, de hecho una de las glorias renacentistas locales es el humanista Hernán Núñez Pinciano (+1553).. En Valladolid solamente existía un pequeño núcleo vacceo junto a San Pedro Regalado.
Corría el año 220 antes de Jesucristo cuando unos niños que cuidaban los bueyes, los caballos y las ovejas en los prados de hacia la puesta del Sol, entraron corriendo en el poblado, advirtiendo a sus padres de que venía una muchedumbre de gente extraña, armada, y con aspecto peligroso.
Lo eran de verdad. Eran las tropas de Aníbal, que había decidido darse una vuelta por las tierras de los vacci, a ver si era cierto que tenían tantas riquezas como se decía y para quitárselas, que la oportunidad de hacer botín era la que movía fundamentalmente a las naciones de la época.
Tras unas excavaciones se encontró un sistema defensivo  que se trata de la primera muralla descubierta en una ciudad vaccea. Este hallazgo ve multiplicada su relevancia al haberse conocido esta misma semana que al pie del muro hay un foso que incluye un complejo sistema de defensa a base de postes de empalizada y muretes de piedra, lo que acentúa la trascendencia del yacimiento y cambia por completo la perspectiva que se tenía de un poblado que, en su época de esplendor (siglos III al I antes de Cristo), pudo albergar hasta cinco mil habitantes.
La campaña de excavaciones arqueológicas desarrollada durante este verano por el Centro de Estudios Vacceos Federico-Wattenberg de la Universidad de Valladolid en la necrópolis vacceo-romana de Las Ruedas en Pintia (en el término de Padilla de Duero) ha sido «excepcional», con el hallazgo de 44 tumbas aisladas. Según informó ayer la Universidad, en ellas se han encontrado 545 objetos (como puñales, broches, puntas de lanza o escudos), y 134 grupos de restos óseos de fauna.
Otra serie de elementos cerámicos testimonian la variedad y pujanza de las producciones alfareras vacceas. Cerámicas elaboradas a mano, lisas o decoradas con peine, diversas variedades de cerámica torneada, ya sea la tosca o común o la fina pintada con motivos geométricos, tendrán un gran éxito y difusión. La excavación de barrios artesanales específicos como el de Carralaceña, vinculado al oppidum de Pintia, localizado en la orilla derecha del Duero, ha permitido documentar diversos hornos alfareros.
El yacimiento arqueológico comprende la Necrópolis de las Ruedas, donde en temporada de excavaciones se han desenterrado ajuares funerarios de gran valor histórico, y el Poblado de las Quintanas

LA NECROPOLIS

Es la parte más importante del yacimiento, contiene decenas de miles de enterramientos. Está formada por tres parcelas de las cuales una es de la Junta de Castilla y León, otra es privada pero no se labra porque está cedida a la investigación y por último la tercera, también de propiedad privada, estuvo ocho años sin labrase, pero en el 2008 se volvió a arar y plantar.
En aquellas épocas el cadáver era incinerado, con lo cual lo que se enterraban eran las cenizas, pero estas iban a su vez acompañadas de todo un ajuar de la persona, com  compuesto por vasijas, espadas y así hasta más de 100 objetos en muchos casos.
Martín Almagro Gorbea, catedrático en prehistoria e integrante de la Real Academia de la Historia, calificó este cementerio como el más importante de la segunda Edad del Hierro en toda la Península Ibérica, salvo alguna tumba regia tartésica.
La ciudad se extendía también a la orilla derecha del Duero, en el conocido actualmente como pago de Carralaceña, donde se ubicaría el barrio artesanal del mismo nombre, comunicado con Las Quintanas gracias a la existencia de un vado natural.
 El barrio debió nacer, probablemente, como una extensión del poblado en el momento en que éste precisó de un mayor abastecimiento de productos cerámicos; el peligro de incendio sería razón más que suficiente para alejar de las viviendas las actividades con fuego, si bien podrían añadirse otras necesidades como el abastecimiento directo de agua, etc.
Este sector de Carralaceña ocuparía unas nueve hectáreas, con áreas funcionales diversas: zona de hábitat y su correspondiente necrópolis en la plataforma superior de la terraza fluvial, y zona de producción en el espacio de la terraza inferior más cercano a la ribera del río
Las estructuras halladas en este sector corresponden a los restos de las instalaciones de un alfar en el que seguramente, a partir del siglo II a.C. y hasta el cambio de Era, se fabricaron los recipientes y demás objetos de cerámica que acompañaron a los vacceos de Pintia en la mayoría de sus actividades cotidianas.
 Las actuaciones arqueológicas efectuadas hasta el momento en este pago han proporcionado testimonios de diversa naturaleza, si bien todos ellos estrechamente vinculados con la actividad alfarera,

--- Septimanca

El origen de Simancas es antiquísimo, relacionado con el pueblo vacceo, y su desarrollo hay que ligarlo a río Pisuerga donde se asienta, pues desde tiempos romanos era lugar de defensa del puente que cruzaba este río.
 Antonino – en el siglo III d.C.- cita la poblacióbn de Septimanca dentro de la denominada calzada Oceloduri-Cauca, o también Vía del Duero. Los vacceos a llamaban Sentencia.
 Se ha identificado Simancas con la antigua Septimanca, Sepmánica o Sentimanca ha sido gracias al propio Itinerario y a los trabajos arqueológicos acometidos en este municipio desde los años 30 del siglo pasado. Pero la ocupación del cerro que preside el  río Pisuerga y su posterior confluenciacon el Duero, hay que buscarlo en épocas anteriores a la romanización del territorio peninsular. Será el pueblo Vacceo quien colonice este promontorio al menos desde el siglo IV a.C. con una clara intencionalidad de permanencia, buscando para la ubicación de su núcleo urbano un lugar elevado de fácil defensa bien abastecido de recursos hídricos y arbóreos.

Tradicionalmente se denomina como oppidum a este tipo de ciudad en altura, nomenclatura utilizada por Julio Cesar a la hora de describir los poblados fortificados que encontró durante las guerras de conquista que llevó a cabo en la Galia entre el 58 al 50 a.C. La presencia del pueblo prerromano de los vacceos en Simancas ya fue rastreada en 1949 rescatando unos pocos fragmentos cerámicos durante las obras de trazado y excavación de las zanjas en unas obras. En 1965 se llevaron a cabo las intervenciones arqueológicas en las inmediaciones del Cerro de las Perdigueras, en el llamado Huerto de los Frailes por el arqueólogo vallisoletano Federico Wattenberg, Los resultados de los trabajos arqueológicos efectuados por Wattenberg en Simancas quedaron reflejados en la publicación “Estratigrafía de los cenizales de Simancas (Valladolid)”. En ellos se documentaron 10 niveles de vertidos procedentes del poblado vacceo donde se recuperó un importantísimo lote de cerámicas adscritas a este periodo conocido como la II Edad del Hierro.

La excavación de los cenizales puso en sintonía los descubrimientos hechos por Pedro de Palol y el propio Wattenberg en el yacimiento del Soto de Medinilla años atrás, donde se exhumaron los restos de un poblado adscrito a la I y II Edad del Hierro con materiales arqueológicos muy similares a los recuperados en Simancas. El utillaje cerámico del pueblo vacceo se caracteriza por el uso del torno alfarero –como innovación tecnológica respecto al periodo anterior- a la hora de elaborar una extensa tipología cerámica que nos acerca a sus usos y costumbres, aunque sin abandonar la elaboración de piezas modeladas a mano –esto es sin ayuda del giro del torno- que decoran profusamente con estampillas y decoraciones incisas hechas con pequeños peines dotados de finas púas. Los barros torneados suelen ofrecer tonos rojizos y anaranjados con decoración pintada a base de semicírculos concéntricos de color rojo y vinoso, bandas paralelas y ondulaciones, formas animales –prótomos de caballos, diferentes especies de peces, aves etc.- o zoomórficas, combinando en este último caso figuras animales de serpientes y lobos. Su significado mezcla lo estético con lo sincrético, definiendo verdaderos lienzos en barro donde el artesano plasmó los gustos e influencias del pueblo vacceo.
     Sempronio Rufus y sus oficiales superiores están sentados en una mesa delante de una posada en Rauda, ​​mirando mapas. El ejército ha marchado aquí a modo de Andelo, Calagurris, Numancia y Uxama, siguiendo la margen derecha del río Dorius para la última parte del viaje.
Al reflexionar sobre el próximo movimiento algunos exploradores de caballería regresar de un empujón hacia Septimanca. La ciudad fue asaltado y capturado por los rebeldes hace dos semanas. Los colonos sufrieron bajas considerables, aunque no al por mayor masacre tuvo lugar.
 Atacada por Sempronio Urgulanius los lugareños ofrecieron resistencia librando una fuerte batalla y luchando encarnizadamente contra los romanos hasta que por fin fue destruida, asolada, arrasada e incendiada.
De acuerdo con la gente del pueblo que queda, el enemigo prendió fuego a varias partes de la ciudad, y luego se retiró a lo largo de la carretera hacia el sur, dejando Septimanca sí mismo el día 11. Su fuerza estimada fue de unos 20.000 soldados de infantería y una caballería de unos cientos.
Todas las fábricas son destruidas en Septimanca. Todos los esclavos de las fincas en Septimanca han escapado (sin ingresos hasta que sean sustituidos). La ciudad  sufrió un 80% de daño y no se recuperará sin un pago inicial de.15, 000 Dinares, después de lo cual será restaurada a una tasa mensual de 10%..

sábado, 13 de abril de 2013

--- Contrebia Leukade



Es uno de los asentamientos de población más antiguos de La Rioja, situado en la margen derecha del río Alhama, cerca de Inestrillas y Aguilar del Río Alhama, entre dos pequeños cerros.
Fue una ciudad donde se asentaron hacia el 700-750 a. de C. los pelendones, quienes construyeron una fortificación aprovechando un escarpe rocoso sobre el río y edificaron casas excavadas en la roca con planta rectangular.
Más tarde, llegaron otras tribus celtíberas, los Arévacos, ampliaron el poblado y reforzaron los sistemas defensivos con un profundo foso excavado en la roca y una muralla que rodeaba la ciudad. Éstos se mantuvieron hasta la llegada de los romanos, que conquistaron la ciudad a comienzos del siglo II a. de C.
Hacia la segunda mitad del siglo IV antes de Cristo llegaron otras tribus celtíberas que ampliaron el poblado y reforzaron los sistemas defensivos, con un profundo foso excavado en la roca y una muralla que rodearon la ciudad. Realizaron obras de acondicionamiento para el aprovechamiento de agua potable. Después llegaron los romanos, que conquistaron la ciudad en el año 142 a. De Cristo, lo que supuso la romanización de las tierras del Alhama.
En la actualidad el yacimiento arqueológico es uno de los más espectaculares de la Península y el más significativo a la hora de conocer el grado de desarrollo técnico y la capacidad de organización de los celtíberos.
Corresponde a un poblado de la Primera Edad del Hierro estratégicamente situado dentro de un territorio que proporciona una gran diversidad de recursos y sobre el que ejerce un control directo. Con una superficie bien definida y protegida por accidentes naturales y sistemas artificiales de defensa, acoge en su interior un número indeterminado de viviendas de tipo familiar, de planta rectangular y dispuestas de forma ordenada.
Se trata de una ciudad amurallada la cual se apoya directamente sobre la roca natural, su alzado se articula en tres partes diferenciadas: zócalo, compuesto por piedras de morfología irregular, lajas, piezas largas y delgadas, y bloques, piezas perfectamente rectangulares que componían la zona alta.

La ordenación del interior de la ciudad se ajusta a la irregularidad del relieve. Las casas se disponen alineadas respecto a calles bien marcadas. Su planta es rectangular. Las más completas constan de tres habitaciones, un vestíbulo, una habitación principal en la que se situaba el hogar y un almacén.

Se descubrió un pozo que permitía el abastecimiento de agua de la población sin la necesidad de salir de la fortificación.
Se ha encontrado  numerosa cerámica hecha a mano, algunas copas de cerámica ibérica pintada a torno, también se encontraron fusayolas, platos, algunos puñales, broches e instrumentos metálicos para el campo.