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martes, 16 de abril de 2013

Organización Social de los Olcades

Su población, vivía dispersa en numerosos, aunque reducidos, poblados, vici et castella, pequeñas aldeas y torres para su defensa. El carácter reducido, numeroso y estacional de estos poblados fue la causa de su frecuente desaparición a lo largo de la historia. Son poblados en llano, sitos en el sector endorreico, caracterizado por las inundaciones ocasionales y la composición salina del suelo. La superficie media de los asentamientos ronda los 581 metros cuadrados y son de carácter funcional, propio de la temporalidad de su ocupación que quizá fuera estacional. Se localizan en las zonas más fértiles y asequibles del territorio, aprovechando cursos de agua estables y manantiales, dominando un valle o paisaje abierto.
Puesto que se dedicaban a la minería con la que extraían lapis specularis, su organización sería como las de ciudades estado dentro de la Celtiberia por el poder adquisitivo que tenían sus gentes.
Como buenos manchegos, los olcades se dedicaron  a la producción del vino.
En Segobriga  y  Valeria se sabe  que sus gentes acuñaron moneda y  además de ello era  aquel sitio donde  se hacía toda la actividad  comercial relacionada   con el mineral procedente de los yacimientos mas cercanos, es decir, de las minas cercanas del el lapis specularis.
A lo largo del siglo III a.C. desaparecen como etnia, siendo su territorio absorbido por los carpetanos.
De carácter indómito, sus guerreros llegaron a vencer a Viriato y se aliaban a los Carpetanos, que eran hermanos de raza,  para mantener varias contiendas  contra los cartagineses de Anibal.
La Segunda Edad del Hierro en la submeseta Sur vendrá marcada por la progresiva implantación de la iberización. Este período desde un punto de vista cronológico abarcará en general la segunda mitad del primer milenio. El proceso de iberización de las tierras centrales de la Meseta Sur se da a partir del siglo IV a.C.apareciendo en esta zona cerámicas ibéricas con decoración pintada monócroma y bícroma de tonos rojos y castaños.
Las excavaciones de las últimas décadas, al situarlos en zona plenamente ibera, sitúan al pueblo, supuestamente olcade, en el entorno del oppidum ibero de Ikalesken (Iniesta) que dominaría el territorio actual de la Manchuela  conquense y albaceteña y limitaría al norte con las zonas celtíberas de Valeria, Segóbriga, etc.
Las ciudades de los olcades son más bien opidums o enclaves fortificados que aprovechan el relieve del terreno, sobre todo en elevaciones naturales.
La sociedad olcade se basaba en unidades familiares y a un nivel superior en clanes, grupos más o menos numerosos compuestos de familias unidas por lazos de consanguinidad y de parentesco que les confería una vinculación afectiva variable.
Por debajo de la aristocracia y de los guerreros estaban las clases populares  como los campesinos, pastores, artesanos, alfareros, herreros y comerciantes.
En ocasiones podríamos encontrar a un régulo (reyezuelo) al mando de un conjunto de ciudades. Pero lo más frecuente era que cada ciudad tuviese su propio principe u hombre importante, rodeado de una clientela (hombres vinculados a él por un lazo de fidelidad; a esta relación se la denominaba "devotio", y suponía que los que formaban el séquito de un caudillo debían morir con él). Cada ciudad tenía, asimismo, su senado, compuesto por los más viejos y experimentados miembros de cada población. Por último, la asamblea del pueblo, formada por los guerreros, a menudo tenla un peso decisivo en la declaración de la guerra y en la elección de un caudillo».
Por  la situación que tenían los olcades, hay referencias a 320 dioses diferentes, aunque no todos de la misma importancia. Los tres principales serían: Tarannis, dios celeste de la tempestad y el trueno (gran dios de todos los pueblos indoeuropeos); Lug, dios del comercio y los artesanos, asociado con el sol; y Teutates, dios astral de la guerra. Otras divinidades eran: Endovelico, dios del Infierno y la noche, de la adivinación y de la salud, al que se representaba en forma de jabalí; Epona, protectora de los caballos; espíritus de las aguas y de las fuentes, de los árboles (especialmente el roble y la encina) y los bosques, genios protectores de los caminos y las encrucijadas; las Matres, representadas por tres mujeres, sentadas, rodeadas de frutos y niños, protectoras de la naturaleza y de la vida humana; y las Tutelas, divinidades femeninas protectoras de la familia.

No mucho antes del siglo VIII a.C. se comenzaron a introducir una serie de influjos meridionales, tal vez en relación con la creciente irradiación del foco cultural tartesico. Harán su aparición nuevos tipos de poblados, así como nuevos ritos funerarios de incineración, la introducción de la siderurgia o las cerámicas relacionarles con el área cultural surgida en torno al Bronce Final en las tierras altas limítrofes al Sistema Ibérico. 
Por lo que se conoce por la arqueología y las fuentes literarias, las tribus o Gens (nombre dado por los romanos), se dividían a su vez en familias o Gentilitas ( nombre dado por los romanos ), gobernadas por una especie de monarca, que provenían de una élite militar ( puede tratarse de diferentes grupos étnicos ). Las tribus o Gens, eran comunidades separadas de individuos que compartían unas costumbres sociales, económicas, y en muchos casos, religiosas, que hacen posible que se pueda hablar de una cultura similar. Se trataba de aldeas situadas en cerros y normalmente con elementos defensivos como empalizadas de madera, etc. Se trataba de un grupo de cabañas habitualmente con zócalo de piedra, que normalmente tenían una ordenación irregular. Allí habitaban una o varias Gentilitas, que eran una especie de grupos familiares que se han intentado emparentar con las Gens romanas o las Gene griegas, pues tienen elementos similares, como un culto a una divinidad propia de la familia, etc. Pero estas Gentilitas no son todavía muy conocidas ni comprendidas, pues hay casos en los cuales el miembro fundador de la Gentilitas no es el mismo para algunos miembros de la familia, o que a veces cuando una hija se casa toma el nombre de la Gentilitas de su marido, etc. por lo que todavía no esta muy claro el funcionamiento de dichas Gentilitas.
Entre las tribus y ciudades celtíberas existieron, según los autores antiguos, formas específicas de relacionarse entre ellas que serían:

 Hospitium

El hospitium (hospicio) o pacto de hospitalidad permitía adquirir los derechos de un grupo gentilicio a otros grupos o individuos. No se trataba de un acto de adopción; las partes actuantes contraían derechos mutuos sin que la personalidad propia se perdiera. Los contrayentes del hospitium se convertían en huéspedes (hospites) mutuos y el pacto de hospitalidad se solía acordar en un documento denominado tésera de hospitalidad. Estas téseras son láminas de metal recortado, en muchas de ellas figurando dos manos entrelazadas o la silueta de animales, que quizá tenían un significado religioso. Se supone que el hospitium, inicialmente, se acordaba en plano de igualdad, pero al surgir diferencias económicas, se iría pasando a un estado de dependencia. De entre los pactos de hospitalidad descubiertos, el más famoso es el Bronce de Luzaga, que registra un hospitium entre las ciudades de Arecoratas y Lutia, al que probablemente se sumaban las gentilitates Belaiocum y Caricon

Clientela

Las clientelas consisten en comitivas constituidas en torno a los individuos más importantes de una comunidad tribal. La relación entre estos individuos, generalmente aristócratas y sus seguidores, era una relación contractual basada en la desigualdad de riqueza y posición social de ambas partes; el jefe normalmente debía alimentación y vestido a sus seguidores, mientras que éstos le debían apoyo incondicional. Estas clientelas frecuentemente tenían un carácter militar.

Devotio

La devotio era una clase especial de clientela. Al elemento contractual de la clientela se añadía un vínculo religioso, por el cual los clientes de un jefe tenían obligación de seguirles a la batalla y de no sobrevivirle en caso de que éste muriera en combate. Tales clientes recibían el nombre de devotio y sus paralelos en la sociedad celta y germánica, soldurios y comitatus.

Por vivir en un terreno donde son muy numerosas y abundantes las minas de lapis specularis, se desconoce por completo si eran ellos mismos quienes las llevaban o eran  forasteros o quizá esclavos o tal vez fueran prisioneros de algún botín de guerra entre todas las contiendas que libraban.

Hay algunas fuentes que dicen que en las minas había gentes de todas clases, de ahí que  hubiese tantas  etnias que se iban mezclando unas con otras o quizá con los mismos elementos o miembros de la tribu  creándose así el proceso de mestizaje.

Pero al igual que  en terrenos o en tierras del los íberos vivían varias clases de gente cercanas en oppidums diferentes, así como  en la desembocadura del Segura  había poblados de íberos, de fenicios y de griegos que  levaban unas buenas relaciones sociales y económicas, es posible que, según  la diversidad de poblaciones en esta zona, el manejo de la minas y la conglomeración de poblados, que en cada uno de los oppidums encontrados viesen gentes de diferentes etnias, es decir , en cada poblado podrían vivir  gentes de diferentes estirpes o razas y de distintas  clases.

No sería justo el pensar que las minas eran llevadas solamente por esclavos, por eso suponemos que también habría gente de otros sitios que se hiciese cargo de dichas minas. Así en un rádio de 15 km a la redonda podríamos encontrar varios oppidums los cuales cada uno pertenecería a una tribu diferente ,pudiéndonos encontrar en esta zona poblados típicamente íberos, sean edetanos o contestanos, según hallazgos de  la cerámica, o bien los pueblos de carpetanos que estaban cerca de ellos cuya tradición era claramente de la cultura de Hallstad.

--- Carrascosa del Campo

Almagro Gorbea identificaba como olcades a las gentes enterradas en la necrópolis de Carrascosa del campo.

 En tiempos prerromanos, se tiene constancia de una necrópolis celtibérica, de entre el siglo VI a. C. al siglo III a. C. del pueblo de los Olcades, en el paraje llamado de Las Madrigueras, en la que se hallaron importantes enterramientos, como sesenta y cinco sepulturas funerarias, y también se encontraron importantes vestigios arqueológicos del pueblo de los Olcades, del cual no se tiene mucha información, como objetos de bronce, hierro, cerámica griega, cerámica hallstáttica (uno de los ocho yacimientos de España en los que se han encontrado restos de esta cultura, además de ser el primero en toda la Península Ibérica), cerámica ibérica, gris, etc.

 Este fue uno de los yacimientos más importantes de los olcades estudiados por investigadores y arqueólogos canadienses.
Este yacimiento arqueológico es de gran importancia para el estudio del conocimiento de la población prerrománica de la Meseta Sur, en especial del pueblo de los Olcades que aparecen en la Edad del Hierro y que según los clásicos, dos son las comunidades que habitaron estas tierras en los siglos anteriores a la romanización: los Lusones, de origen Ibero, y los Olcades de origen Celta.
Se puede decir que este poblado era un centro fabril por la abundancia de hallazgos encontrados en hierro, vidrio y cobre,
Como la mayoría de los pueblos o poblados de la zona, se podría decir que una de sus principales actividades económicas era la producción y el trasporte de vino hacia todas sus redes de comercio, así como los cereales, y a partir de los cuales fabricaban la famosa bebida fermentada que decían que era  la bebida de los dioses, la caelia, actualmente se trata de cerveza.
Los vestigios romanos son muy valiosos, con varios emplazamientos, el más importante es un municipio celtibérico-romano que data del siglo VIII a. C. al siglo III d.C., del cual se ha hallado el barrio de artesanos y necrópolis. También se han descubierto restos de vasijas enteras, restos funerarios, pequeñas cremaciones, ánforas de cristal que servían para albergar aceites aromáticos, etc.
El poblado estuvo enclavado un centro de primordial importancia para la actividad metalúrgica y económica romana siendo uno de los más importantes de España con restos e indicios de su ocupación desde la edad de los metales por la cantidad de escorias de hierro y cobre encontradas. Las Madrigueras del pueblo de los Olcaldes fue descubierto en diciembre de 1963, es una necrópolis de campos de urnas de la época del hierro junto al cauce del río Valdejudíos de gran importancia para el estudio de la romanización de este territorio y para el conocimiento de la población prerrománica de la meseta sur. En la provincia de Cuenca aparecieron en la necrópolis de Las Madrigueras una cuenta de collar (Carrascosa del Campo) en la tumba LXII fechada en el año 550-500 a.C, la cuenta tiene el fondo azul verdoso y está decorada con «ojos» realizados mediante tonos azul oscuro, blanco y azul
Las perlas con "OJos»aparecen a partir del Hallstatt, pero el color azul es característico sobre todo de la etapa de La Tene, hacia la cual nos inclinaríamos a colocar nuestros ejemplares, sustituyendo el color amarillo que parece predominar en la época anterior. Esta hipótesis iría bien con la observación realizada en la necrópolis de Carrascosa donde las perlas de color amarillo parecen en la primera Fase Carrascosa I, mientras que las piezas de color azul intenso o translúcido aparecen en la Fase Carrascosa II, y tal vez incluso en los últimos momentos, en todo caso no anteriores al siglo IV a.C .Fue castrum prerromano, centro fabril romano, luego poblado y también fortaleza visigoda y árabe. La vista área que nos proporciona la SIGPAC del Pulpón nos da la cota más alta del contorno con 894 metros y a 200 metros del arroyo de la Vega Seca que termina en el arroyo de la Vega que baja desde Loranca, permite apreciar con gran claridad las trazas en altura de su recinto amurallado con cubos de muralla bastante bien conservados en algunos de sus tramos delimitando restos de construcciones en un recinto prácticamente cuadrado. Se dedicaban a la minería, a extraer el lapis specularis, conocido como espejuelo en la actualidad, es un tipo de piedra de yeso selenítica especular traslúcido, siendo un mineral muy valorado en la Antigua Roma, En esta fortificación situamos un poblado habitado por los trabajadores del centro fabril y de las minas del llamado espejuelo.
 
El Cerro del Pulpón se encuentra a unos escasos siete kilómetros de Carrascosa del Campo por la carretera a Palomares del Campo, alzándose en la margen izquierda. De 859 metros de altitud lo localizamos a 1,5 kilómetros al sur del despoblado del Pulpón. No se deben olvidar los restos de trabajo de espejuelo encontrados en El Pulpón. Tanto es así que vías principales de comunicación y en especial la calzada que unía Segobriga con Cartago-Nova se articulaban en función del aprovechamiento de este material cuya explotación tenía tanta relevancia en la economía romana como la como en la íbera o celtíbera en cuanto al comercio de los metales existentes en la zona ( Lapis Speculum).
En tierras de Carrascosa llegaron a existir hasta doce pequeños poblados surgidos en las inmediaciones de recursos de agua, pozos, arroyos y fuentes, que en la actualidad recuerdan sus nombres. Al sur de la cañada de Beteta, llegamos al despoblado del Pulpón siguiendo durante unos escasos seis kilómetros la carreta a Palomares y junto a ella encontraremos sus muy importantes restos en tierras conocidas como Hoya del Tesoro. Estaba situado en las inmediaciones de una laguna ya desecada; señalada en la cartografía como La Laguna. Al sur se encuentran el cerro del Pulpón y el cerro de la Muela en el paraje de Pozoamargo.

OBJETOS HALLADOS EN EL YACIMIENTO
Objetos de Bronce:
En esta necrópolis se han recogido hasta 15 fíbulas entre ejemplares completos y fragmentados de identificación segura. Un ejemplar de broche de garfio, en la sepultura III que se puede fechar hacia finales del siglo V antes de Cristo.
Objetos diversos:
Cuentas de collar, FUSAYOLAS que son barros bastante finos, que han sido alisados en la superficie y en algunos casos cuidadosamente bruñidos.
Canteros de piedra, o pomos de una piedra blanca y blanda, seguramente un alabastro yesoso.
Objetos de hueso que aparecieron en el pequeño cuenco de la sepultura XLV,y a ellos podemos unir una toba perforada. Conchas.- Una concha marina apareció entre los huesos calcinados de una urna.

--- Erkavika


Su ubicación exacta se desconoce aunque muchos historiadores consideran que se trata del yacimiento de el Castro de Santaver , en el término municipal de Cañaveruelas.Se nos habla poco de ella y algunas fuentes nos dicen que tras cinco días de asedio y cerco a la población, tuvieron, al final que pactar con los romanos, siendo premiada por estos por su acción en el 179 a de C, que fue cuando se destruyó o se tomó la fortaleza más importante de los olcades Althia. 
La ciudad ibero-romana de Ercavica (Cañaveruelas, Cuenca) se ubica en un cerro alargado en sentido norte-sur conocido como el Castro de Santaver, que, a modo de península, se eleva sobre la margen izquierda del río Guadiela, afluente del Tajo. El cerro, a 820 m. s. n. m., ofrece una excelente posición estratégica, con un destacado control visual sobre su entorno, situándose en sus inmediaciones el tramo de la calzada que unía Segobriga y Segontia, de gran interés pues comunicaba las ambas submesetas.
La monumentalidad y entidad de los espacios y edificios públicos de Ercávica, la singularidad de sus vías porticadas, la regularidad de su entramado urbano, el conjunto de edificios residenciales, conforman la imagen de una ciudad próspera y romanizada.
     Siempre según Osuna (1997: 171 y 184), tales construcciones, que él tiene por prerromanas, «se han hecho en una zona que fue basurero y en donde han sido hallados materiales pre y protohistóricos, así como de los siglos II-I a. C., donde abundan las cerámicas pintadas, griegas, campanienses, paredes finas y en menor proporción, aretinas, así como algún epígrafe ibérico y una gran diversidad de objetos de lo más variado», materiales de amplia cronología que, con la excepción de los supuestos productos griegos, resultan semejantes a los documentados en la Campaña de 1998, en contextos nunca anteriores a mediados del siglo I a. C.
Asimismo, la existencia de áreas arqueológicas de diferentes características y naturaleza permite ofrecer una visión de conjunto de los diversos componentes de una ciudad romana al visitante. A todo ello se suma la buena conversación de los restos arquitectónicos, como algunos alzados con alturas de más de dos metros.
 
El Foro: Complejo arquitectónico monumental, que constituía la plaza pública y el centro cívico de la ciudad, integrado por los edificios propios de un municipio: la Basílica, la Curia y otras dependencias municipales. En el lado oriental de la plaza se articula el desnivel del terreno con un espléndido Criptopórtico, mientras que en su lado occidental una serie de tabernae (locales de diverso uso), flanquean el Cardo Máximo.
Urbanismo: Se han documentado diferentes tramos de calles empedradas y porticadas (cardines y decumani), que delimitan manzanas (insulae) regulares, definiendo la trama urbana ortogonal de la ciudad. Éste constituye un ejemplo privilegiado de urbanismo romano en el centro de la Península.
     La noticia de mayor antigüedad sobre Ercavica se remonta al primer cuarto del siglo II a. C., cuando la ciudad, calificada como nobilis et potens civitas, se rindió a T. Sempronio Graco el 179 a. C. (Livio 11, 50, 1). Ptolomeo (2, 6, 57), por su parte, menciona dos ciudades con ese nombre, una entre los Celtíberos y otra entre los Vascones. Con la ciudad celtibérica se han vinculado las monedas con la leyenda en alfabeto ibérico erkavika, aceptando de forma general la ubicación de esta ceca, así como de la ciudad citada por las fuentes, en el Castro de Santaver, solar de la ciudad romana del mismo nombre, asumiendo por tanto la continuidad topográfica entre ambas entidades urbanas, sin otros argumentos que el hecho de utilizar ambas el mismo topónimo.
     La escasa entidad de los materiales aparecidos en el Castro de Santaver con cronologías anteriores a la segunda mitad del siglo I a. C., unido a la existencia de un importante yacimiento con entidad urbana a pocos kilómetros aguas arriba del Guadiela, desaconseja ubicar el núcleo celtibérico en el solar donde se levanta la ciudad romana, en la que, con la excepción de algunos raros materiales pertenecientes a la Edad de Bronce o de cerámicas celtibéricas de amplia cronología, los contextos significativos más antiguos remiten a época tardorrepublicana, hacia la segunda mitad del siglo I a. C., llegando hasta época augustea temprana.
     El desarrollo urbanístico de la ciudad comenzaría en época de Augusto, cuando debió programarse su monumentalización, de modo semejante a lo identificado en otras ciudades del entorno, como Segobriga o Valeria. Con dicho programa cabría relacionar, igualmente, la construcción de la muralla. La construcción de una obra de tal envergadura podría tener que ver, tal como se ha señalado para Segobriga, con la obtención por parte de la ciudad del estatus municipal, lo que debió de producirse durante el principado de Augusto.
     Plinio (N. h. 3, 24) proporciona información sobre el estatuto jurídico de la ciudad en fecha anterior al año 12 a. C., incluyendo a Ercavicaentre los municipios del Conventus Caesaraugustanus que denomina latini veteres, esto es, municipios de derecho latino cuyo privilegio sería anterior al otorgamiento general del ius Latii en Hispania por Vespasiano. El rango municipal de la ciudad, adscrita a la tribu Galeria, es indicado por las leyendas monetales desde las emisiones de Augusto, que se sitúan a partir de los años 17-15 a. C., (11-10a. C., según otros autores). Por su parte, la presencia de magistrados municipales (IIviri) está documentada por la epigrafía desde la época de Tiberio. Con el programa de monumentalización augustea cabe relacionar, también, la organización del conjunto foral, aunque la actividad edilicia se mantendría en época julio-claudia, momento en el que se construirían las Termas de la ciudad. La pujanza de Ercavica durante este período queda puesta de manifiesto por la numismática, ya que el municipio ercavicense fue centro emisor de moneda durante los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula.
Tampoco deben considerarse las monedas de cecas ibéricas y celtibéricas recuperadas en el Castro de Santaver en número reducido (Gomis, 1995: 101 s.) como un argumento sobre la antigüedad de la ciudad, pudiendo ser interpretadas como una muestra de la circulación residual existente en la zona en la segunda mitad del siglo I a. C., similar a lo identificado en otras ciudades de la zona, como Segobriga (Almagro-Gorbea y Abascal, 1999: 

     Osuna (1993: 19 y 1997: 170 s.) se refiere, asimismo, a la existencia de una necrópolis, actualmente bajo las aguas del pantano de Buendía aunque su localización exacta sea desconocida, en la que en 1992 se recuperó un lote de cerámicas griegas pertenecientes a talleres del siglo V a. C. como Saint Valentin, Fat boy o áticas de barniz negro. La falta de materiales de cronología similar en el Castro de Santaver, así como el fuerte desnivel y la distancia existente entre éste y la zona donde al parecer se localizaría la necrópolis, desaconseja la vinculación entre ambos yacimientos, frente a lo sugerido por Osuna, para quien se trata de «la necrópolis de la Ercávica prerromana». Tampoco parecen aceptables otras propuestas (Burillo, 1998: 221 s.) que consideran la posibilidad de que dicha necrópolis pudiera depender de otro núcleo prerromano próximo, interpretado como la Ercavica indígena, dada la excesiva distancia, como se verá a continuación, existente entre ambos.
     La existencia de un importante yacimiento prerromano con entidad urbana a sólo 6 km. aguas arriba del Guadiela, en el término municipal de Alcocer (Guadalajara) ya había sido advertida en diferentes ocasiones (Bendala et alii, 1987: 132; Fuentes, 1993: 173 s.; Burillo, 1998: 232). El lugar, conocido como La Muela (Alcocer, Guadalajara), se localiza en la margen derecha del río, ocupando una extensa península amesetada, de superficie prácticamente llana, ligeramente basculada hacia el sureste, con una superficie de unas 37 ha. Presenta marcados desniveles hacia el río, situado al sur, destacando apenas del terreno hacia el norte (figs. 1 y 2). Su proximidad a la Ercavica romana, en la margen contraria, permite sugerir su identificación con la ciudad indígena epónima.
  Tal ubicación responde a lo que Burillo (1998: 258 ss.) ha denominado «ciudades de llano», en las que las cualidades defensivas del terreno no priman al elegir el emplazamiento. Dichas ciudades surgen en el Valle Medio del Ebro con posterioridad a las Guerras Celtibéricas, teniendo como ejemplos de las mismas, la Bilbilis celtibérica, en Valdeherrera
 Referencias a la ciudad:
-Las fuentes antiguas:
La noticia más antigua conocida sobre la ciudad de Ercavica la proporciona Tito Livio, en relación con la conquista romana del siglo II a. C., al referirse a la campaña de Tiberio Sempronio Graco en el 179 a. C., indicando que éste se dirigió a Ercavica, nobilis et potens ciuitas, que tras cinco días de resistencia se rindió los romanos, temiendo lo sucedido a otros pueblos vecinos. No obstante, tras la retirada de las tropas romanas, los de Ercavica se sublevaron, siendo finalmente derrotados por Graco en una gran batalla librada contra las ciudades celtibéricas, cerca del Mons Chaunus.
Las restantes noticias de las fuentes literarias se refieren ya a la ciudad romana, señalando Plinio su adscripción jurídica al Conuentus Caesaraugustano, y apuntando Ptolomeo la existencia de dos ciudades de nombre Ercavica, una entre los Celtíberos y otra entre los Vascones.

-La numismática: Se conocen sólo unas treinta monedas, sin procedencia, con la leyenda en alfabeto ibérico erkavika, pero sus características metrológicas y estilísticas lleva a reconocerla como ceca celtibérica. Se acepta la existencia de dos emisiones monetales en bronce, habiendo diferencias entre los autores en su atribución cronológica, ya que unos sitúan estas emisiones en la segunda mitad del siglo II a. C. y otros las llevan a mediados del siglo I a. C. Las monedas de cecas ibéricas y celtibéricas recuperadas en el Castro de Santaver, en número reducido, no ofrecen un argumento contundente sobre la antigüedad de la ciudad, ya que pueden ser interpretadas como una muestra de la circulación residual existente en la zona, en la segunda mitad del siglo I a. C., similar a lo identificado en otras ciudades próximas, como Segobriga.
No obstante, sí parece aceptada la identificación de la ciudad, citada por Livio, con la ceca celtibérica de erkavika, pero no tanto su localización, ya que aunque se suele considerar como más probable su reducción al Castro de Santaver, otros autores creen que la ciudad debe buscarse en la margen derecha del Ebro, identificando la población vascona, mencionada por Ptolomeo, con la citada por Livio y con la ceca indígena.



lunes, 15 de abril de 2013

--- Septimanca

El origen de Simancas es antiquísimo, relacionado con el pueblo vacceo, y su desarrollo hay que ligarlo a río Pisuerga donde se asienta, pues desde tiempos romanos era lugar de defensa del puente que cruzaba este río.
 Antonino – en el siglo III d.C.- cita la poblacióbn de Septimanca dentro de la denominada calzada Oceloduri-Cauca, o también Vía del Duero. Los vacceos a llamaban Sentencia.
 Se ha identificado Simancas con la antigua Septimanca, Sepmánica o Sentimanca ha sido gracias al propio Itinerario y a los trabajos arqueológicos acometidos en este municipio desde los años 30 del siglo pasado. Pero la ocupación del cerro que preside el  río Pisuerga y su posterior confluenciacon el Duero, hay que buscarlo en épocas anteriores a la romanización del territorio peninsular. Será el pueblo Vacceo quien colonice este promontorio al menos desde el siglo IV a.C. con una clara intencionalidad de permanencia, buscando para la ubicación de su núcleo urbano un lugar elevado de fácil defensa bien abastecido de recursos hídricos y arbóreos.

Tradicionalmente se denomina como oppidum a este tipo de ciudad en altura, nomenclatura utilizada por Julio Cesar a la hora de describir los poblados fortificados que encontró durante las guerras de conquista que llevó a cabo en la Galia entre el 58 al 50 a.C. La presencia del pueblo prerromano de los vacceos en Simancas ya fue rastreada en 1949 rescatando unos pocos fragmentos cerámicos durante las obras de trazado y excavación de las zanjas en unas obras. En 1965 se llevaron a cabo las intervenciones arqueológicas en las inmediaciones del Cerro de las Perdigueras, en el llamado Huerto de los Frailes por el arqueólogo vallisoletano Federico Wattenberg, Los resultados de los trabajos arqueológicos efectuados por Wattenberg en Simancas quedaron reflejados en la publicación “Estratigrafía de los cenizales de Simancas (Valladolid)”. En ellos se documentaron 10 niveles de vertidos procedentes del poblado vacceo donde se recuperó un importantísimo lote de cerámicas adscritas a este periodo conocido como la II Edad del Hierro.

La excavación de los cenizales puso en sintonía los descubrimientos hechos por Pedro de Palol y el propio Wattenberg en el yacimiento del Soto de Medinilla años atrás, donde se exhumaron los restos de un poblado adscrito a la I y II Edad del Hierro con materiales arqueológicos muy similares a los recuperados en Simancas. El utillaje cerámico del pueblo vacceo se caracteriza por el uso del torno alfarero –como innovación tecnológica respecto al periodo anterior- a la hora de elaborar una extensa tipología cerámica que nos acerca a sus usos y costumbres, aunque sin abandonar la elaboración de piezas modeladas a mano –esto es sin ayuda del giro del torno- que decoran profusamente con estampillas y decoraciones incisas hechas con pequeños peines dotados de finas púas. Los barros torneados suelen ofrecer tonos rojizos y anaranjados con decoración pintada a base de semicírculos concéntricos de color rojo y vinoso, bandas paralelas y ondulaciones, formas animales –prótomos de caballos, diferentes especies de peces, aves etc.- o zoomórficas, combinando en este último caso figuras animales de serpientes y lobos. Su significado mezcla lo estético con lo sincrético, definiendo verdaderos lienzos en barro donde el artesano plasmó los gustos e influencias del pueblo vacceo.
     Sempronio Rufus y sus oficiales superiores están sentados en una mesa delante de una posada en Rauda, ​​mirando mapas. El ejército ha marchado aquí a modo de Andelo, Calagurris, Numancia y Uxama, siguiendo la margen derecha del río Dorius para la última parte del viaje.
Al reflexionar sobre el próximo movimiento algunos exploradores de caballería regresar de un empujón hacia Septimanca. La ciudad fue asaltado y capturado por los rebeldes hace dos semanas. Los colonos sufrieron bajas considerables, aunque no al por mayor masacre tuvo lugar.
 Atacada por Sempronio Urgulanius los lugareños ofrecieron resistencia librando una fuerte batalla y luchando encarnizadamente contra los romanos hasta que por fin fue destruida, asolada, arrasada e incendiada.
De acuerdo con la gente del pueblo que queda, el enemigo prendió fuego a varias partes de la ciudad, y luego se retiró a lo largo de la carretera hacia el sur, dejando Septimanca sí mismo el día 11. Su fuerza estimada fue de unos 20.000 soldados de infantería y una caballería de unos cientos.
Todas las fábricas son destruidas en Septimanca. Todos los esclavos de las fincas en Septimanca han escapado (sin ingresos hasta que sean sustituidos). La ciudad  sufrió un 80% de daño y no se recuperará sin un pago inicial de.15, 000 Dinares, después de lo cual será restaurada a una tasa mensual de 10%..