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martes, 16 de abril de 2013

CIUDADES DE LOS OLCADES

CIUDADES.

Son pocas las ciudades, de los olcades mencionadas por los historiadores, las que se han podido identificar, aunque los yacimientos son numerosos. Al tratarse, en su mayoría, de núcleos urbanos minúsculos, la ocupación romana provocó su desaparición potenciando o fundando, de nueva planta, ciudades que sirvieran para controlar su sistema administrativo.
Cita Ptolomeo, al menos 18 ciudades, de localización desconocida, casi todas, en la actualidad, si bien, a grandes rasgos se intenta localizarlas en grandes áreas aproximadas Egelasta (Iniesta), Caracca (Tarancón), Contrebia (Villas Viejas), Axenia (Buenache de Alarcón). La ciudad de Mantua, interpretando las coordenadas proporcionadas por los geografos griegos se ha querido ubicar en un lugar no determinado, muy amplio, entre Carrascosa, Huete y Montalbo.
Algunas de ellas pervivieron, pero otras, Contrebia, desaparecieron y no vuelven a mencionarse en la historia. Sólo se mantienen aquéllas que llegarán a ser más importantes en la zona, junto a las nuevas fundaciones: Segóbriga, Valeria.
    En resumidas cuentas podemos decir que los olcades eran como una etnia nómada, esparcida o dividida en tribus, dedicada a la ganadería, sobre todo, y que iban buscando alimento para sus animales y se establecían donde podían tanto en el centro como en el sureste de la Península.



IKALESKEN

VALERIA

LAXTA

AXENIA

CAESADA

EGELASTA

MANTUA 

CONTREBIA  CARBICA

SEGÓBRIGA

CARACCA

ALTHEA

--- Kelin


El yacimiento de Los Villares, identificado como la antigua ciudad ibérica de Kelin a partir de los estudios numismáticos, se encuentra en el término municipal de Caudete de las Fuentes (Valencia) y tiene una extensión aproximada de 10 hectáreas. Se sitúa cerca del nacimiento del río Madre, en una loma que se eleva 800 m.s.n.m., destacando sobre el llano circundante. El carácter estratégico de su ubicación viene marcado por su proximidad a dos vías de comunicación que permitían el contacto entre el litoral mediterráneo y la meseta interior, de Este a Oeste, y entre Aragón y la Alta Andalucía, de Norte a Sur.
La población que se instala, a principios del siglo VII  a.C., en el cerro de Los Villares tiene una cultura material característica de un Bronce Final avanzado que recibe de forma casi inmediata productos procedentes de la costa.
Hasta inicios del VI a.C. existe una secuencia ininterrumpida de fases constructivas y remodelaciones de los espacios habitados y de circulación que apenas se intuyeron en las publicaciones anteriores (Mata, 1991, 24; Mata et alii, 1999).
Las viviendas son alargadas, separadas en algunos casos por estrechos pasillos, sin apenas divisiones internas y con un hogar circular, plano o en cubeta. Las paredes son de adobe sobre un zócalo de dos hiladas de piedras pequeñas.

Los olcades de Kelin se cree que eran de etnia o estirpe celta, pero con costumbres íberas ya fueran edetanas o contestanas, es decir, procedían de la cultura de la Tene asentados cerca de la Comunidad Valenciana. Así  vemos que eran fronterizos con la Edetanía o Contestanía. Son más bien lo que llamamos Celtíberos, ya que eran como hemos dicho pertenecían a las antiguas oleadas de pobladores llegados a la península que posteriormente adquirieron la cultura de los íberos.
Alcanzó su máximo esplendor en torno a los siglos IV-III a. C., llegando a convertirse en capital de un amplio territorio ibero que superaba los actuales límites administrativos de la comarca de Requena-Utiel. Como lugar central, Kelin estructuró su territorio mediante una red de asentamientos interdependientes con funciones diversas y complementarias, tanto defensivas como productivas.
El poblado tan sólo conserva posibles tramos de muralla o de muro perimetral en su lado oeste y todavía no ha sido localizada su necrópolis. Por otro lado, tal y como era práctica habitual entre los iberos, se han hallado algunos enterramientos infantiles en el interior de las casas, normalmente bajo pavimentos y/o muros.
Se conoce su existencia desde mitad del siglo XVIII, aunque no fue hasta mediados del siglo XX cuando comenzaron las excavaciones arqueológicas. En él se han realizado, entre 1956 y 2002, 23 campañas centradas en una superficie de unos 1000 m2, en los que se ha podido constatar una dilatada cronología. La loma de Los Villares se ocupa ininterrumpidamente desde inicios de la Edad del Hierro (aproximadamente en el 680 a. C.) hasta época iberorromana (75 a. C.), ofreciendo una horquilla cronológica excepcional en el registro arqueológico valenciano.

Su larga ocupación permite ver la evolución de su estructuración interna y su arquitectura. En los niveles fundacionales del siglo VII a. C. se observa un urbanismo incipiente, con habitaciones rectangulares sin divisiones internas separadas por estrechos pasillos. En el Ibérico Pleno (siglo IV-III a. C.), por contra, el poblado se caracteriza por presentar un urbanismo mucho más complejo, lo que se traduce en calles anchas que permiten el tránsito de carros. Éstas se entrecruzan formando un plano ortogonal con manzanas constituidas por grandes viviendas, de entre 80-100 m2. Su espacio interior aparece dividido en varias estancias, algunas de ellas con una funcionalidad específica. La habitación principal de las viviendas se dedica a múltiples labores (cocina, descanso, etc.), puesto que es donde se encuentra el hogar central, mientras que los departamentos más alejados de las puertas actúan como almacenes y/o despensas. Una de las viviendas ha sido interpretada como la casa de un rico comerciante, ya que cuenta con una bodega donde se han documentado más de 70 ánforas fragmentadas. En toda la casa hay un total de 98 recipientes grandes, entre ánforas y tinajas, lo que permitiría el almacenaje de unos 7.460 litros. Además, también cuenta con un pequeño taller de forja, así como otro tipo de bienes que denotan su elevado estatus (una pulsera de plata, cerámicas de importación, etc.).



El hallazgo, en 1979, de una copa jonia sirvió para identificar y datar el primer lote cerámico indígena del siglo VI; en cambio, el espacio donde se encontraron apenas aportó información al estar muy incompleto. Estos materiales ya se han publicado con anterioridad por lo que no se van a tratar con detalle pero, por su interés, se recogen aquí algunas de las piezas a torno por ser las más significativas del siglo VI: dos tinajas pintadas, una de ellas con hombro carenado como las ánforas, un plato gris y una urna de orejetas también en gris.
Los materiales encontrados son, sobre todo, cerámicos, aunque también hay una varilla de hierro y un fragmento de molino barquiforme.
Kelin acuña moneda propia durante un corto periodo de tiempo entre la segunda mitad del siglo II y comienzos del I a. C. Las monedas, ases y semis, son de bronce y formarían parte de una emisión muy limitada, destinada a usos locales y cotidianos.

 

Asociados a cerámicas del siglo VI, hay dos hogares  formalmente distintos a los datados en el siglo VII que en Los Villares son siempre circulares.
En el siglo V ya han desaparecido las importaciones fenicias y todavía no han llegado masivamente las púnicas y griegas, de ahí alguna de las dificultades existentes para aislar ajuares y niveles de esta  cronología.
 
Las aproximaciones al cómputo demográfico apuntan a que el poblado, durante esta fase, pudo contar con una población de entre 3.800 - 4.000 habitantes. La vida del mismo parece llegar a su fin de forma violenta en torno al 80-75 a. C., tal y como se deduce del estudio de las importaciones y la numismática. Se ha planteado la posibilidad de que Kelin tomara partido en la guerra civil que sufrió la República romana durante esos años.
El material recuperado es, ante todo, cerámica a torno de clase A –oxidante y reductora- y B, junto a un pequeño porcentaje de cerámica a mano; entre las importaciones hay un fragmento de cerámica ática y otro de ánfora fenicia; los objetos de hierro tienen una presencia mayor que en el siglo anterior.
Los asentamientos son de nueva planta y buscan nuevos emplazamientos, más cercanos a las tierras de cultivo.
Excepto dos de ellos, todos se sitúan en elevaciones más o menos destacadas y son de tamaño medio o pequeño
(< 4 ha). El único lugar parangonable a Kelin por tamaño, volumen y calidad de los materiales es Requena, pero dado el estado actual de la información no se puede decir mucho más al respecto. En consecuencia, se puede afirmar con rotundidad que el asentamiento mayor era Los Villares, donde los materiales y construcciones de esta cronología se han localizado en diversos puntos de su superficie (Mata, 1991, cuadro 1 y lám. I; Mata et alii, 2001 a, 83 y b, 319), manteniendo las dudas razonables sobre Requena.
Las ánforas fenicias llegan a casi todos estos lugares, pero en Los Villares, además, se encuentran tinajas, trípodes, barniz rojo, así como algunas imitaciones a mano y a torno; en Requena, hoy por hoy, falta el barniz rojo. Es decir, se aprecia una distribución selectiva de productos desde los centros mayores: Requena es el lugar más próximo a la vía de comunicación desde la costa, por lo que el control de la misma le permite conseguir productos variados; Los Villares es el destino principal de estos productos exóticos; los demás asentamientos, situados al Norte y al Oeste de Los Villares, reciben vino fenicio como forma de mantener fidelidades y asegurar una explotación adecuada de las nuevas tierras.
El gran salto poblacional se produce a lo largo del siglo VI contabilizándose 39 asentamientos de esta cronología.
La mayoría se ubican en el llano o sobre ligeras elevaciones y se configuran como lugares abiertos, con escasa
densidad de material. Esto ha llevado a interpretarlos como hábitats, con poca población, dedicados a actividades agrícolas que, en algún caso, pudieron tener carácter estacional.
Es, en este momento, cuando en Los Villares/ Kelin se producen las primeras transformaciones significativas
en la organización interna del asentamiento, cuando llegan las primeras cerámicas griegas y los objetos de hierro son más numerosos. En cuanto a la agricultura, el registro carpológico muestra una mayor presencia de semillas de vitis, lo que significa que el cultivo de la vid se va consolidando.
No es descabellado pensar que la fundación de nuevos asentamientos se dirigió desde Kelin con el fin de ocupar nuevas tierras para el cultivo, obtener recursos minerales y, con los lugares en alto, poner las primeras bases de control del territorio. Las manifestaciones religiosas de carácter territorial quedan plasmadas en la frecuentación de la cueva del Puntal del Horno Ciego (Martí Bonafé, 1990).
Su destrucción podría ser consecuencia del correctivo que Roma aplicó a aquellas ciudades iberas que apoyaron al bando derrotado, el sertoriano.



--- Segobriga

Sego-briga, deriva de dos términos de origen celtibérico: sego-, que significaría victoria (presente en otras ciudades, como Segovia, Segeda y Segontia), y el sufijo -briga, que significaría ciudad, fortaleza; por lo que su interpretación podría ser “ciudad victoriosa”.
Referencias sobre Segobriga:
-Los textos clásicos:
Frontino es el autor que hace referencia a un momento más antiguo de esta ciudad, cuando narra los ataques del lusitano Viriato contra Segobriga por su alianza con los romanos, en el año 146 a.C. A un momento posterior corresponde la cita de Estrabón que la sitúa en la Celtiberia, refiriéndose que en el entorno de Bilbilis y Segobriga combatieron Metelo y Sertorio.
Por otro lado Plinio, al referirse a la Celtiberia, alude a Segobriga como “caput Celtiberiae”, pero en un momento ya de la ciuadad romana, pues indica que era estipendiaria del Convento Caesaraugustano.
Este autor también menciona la explotación de lapis specularis, una variedad de yeso traslúcido muy apreciado para la fabricación de cristal de ventanas y que sería durante mucho tiempo parte importante de la economía de Segóbriga. Plinio asegura que “la más traslúcida de esta piedra se obtiene en la Hispania Citerior, cerca de la ciudad de Segóbriga y se extrae de pozos profundos”. Una de estas minas se puede ver en la cercana Villa de Carrascosa del Campo.
-La numismática:
Se conocen monedas con la leyenda Sekobirikes, de plata (denario) y de bronce (ases y semis), con busto masculino en el anverso y jinete lancero, en el reverso, acuñadas en el último tercio del siglo II a. C., que se han relacionado con esta ciudad.
También, la ciudad romana emitirá monedas de bronce (ases) con leyenda latina: “Municipium SEGOBRIGA”, enel siglo I a. C., continuando sus acuñaciones hasta el emperador Calígula.
-Tesera de hospitalidad:
Se conoce una tessera hospitalis, decubierta en la zona de Segobriga en el siglo XIX, con forma de cabeza de toro, que tiene dos líneas en texto celtibérico en las que se repite el nombre Sekobirikea, lo que viene a documentar que el nombre de la ciudad está presente en esta zona.
Problemas para situar la Segobriga celtibérica en el cerro de Cabeza del Griego:
Inicialmente, se ubicó Segobriga en Segorbe, por el criterio eclesial de mantener las divisiones eclesiásticas, pero A. Schulten y Bosch Gimpera, la situaron de forma correcta, a principios de s. XX, en el cerro de Cabeza del Griego, en Saelices (Cuenca), donde se ubica la Segobriga romana.
Pero, para distintos autores, las citas de Frontino y Estrabón, sobre la ciudad de época celtibérica, no parecían corresponder con la de Cuenca, a lo que se une la falta de restos arqueológicos en el cerro de Cabeza del Griego, ya que los más antiguos son de mediados del s. I a. C.
A esto hay que añadir, que el estudio, realizado por M.P. García y Bellido, sobre la circulación de las monedas celtibéricas, con el nombre de Sekobirikes, muestra que estas están mejor representadas en la zona del Alto Duero, siendo escasas en el marco conquense y casi ausentes en Segobriga, lo que ha llevado a situar la Segobriga celtibérica por aquellos pagos y proponer que la del Cabezo del Griego correspondería ya a una fundación imperial romana, realizada con celtíberos de aquella zona, a mediados del siglo I a. C.
Por otro lado, el dato aportado por la tésera de hospitalidad con el nombre de Sekobirikea, indica la existencia de este nombre celtibérico en la zona conquense, por lo que se deduce que al menos había dos Segobrigas celtibéricas, una en la zona del Duero, que acuño moneda, y otra en la zona de Cuenca, que no acuñaría moneda y que al parecer no estaría en Cabeza del Griego, donde está la romana.
¿Donde se situaría la ciudad celtibérica?
Se ha centrado la atención sobre el yacimiento concido como Fosos de Bayona (Villas Viejas) próximo, a siete kilómetros del emplazamiento de Segobriga, que se trataría de  una ciudad prerromana de 33ha de extensión.
Los estudios realizados en este lugar muestran una población indígena en altura, con fáciles defensas naturales, y con una sólida muralla, de dimensiones apreciables. Este asentamiento se fecha a partir del siglo III a.C., y, como apuntan los restos arqueológicos, desaparecería probablemente con la Guerras Sertorianas (80-72 a. C.), poco antes del desarrollo de la Segobriga romana lo que parece reflejar una relación de continuidad entre estas dos ciudades.
-Los que han excavado este yacimiento, basándose en el mayor número de monedas halladas de Contrebia Carbica y en la similitud de los tipos de éstas con las de Segobriga, entienden que ello sería indicio de proximidad entre ambas ciudades, defiendiendo la identificación de Fosos de Bayona con esta Contrebia.
-Otros autores mantienen que se trata de la Segobriga celtibérica, apoyándose en  la inscripcipcion de Sekobirikea, que sugiere la existencia en la zona de una comunidad indígena con ese mismo nombre, lo que estaría acorde además con la política romana de desplazar las ciudades indígenas a nuevos asentamientos próximos, manteniendo la centralización que ejercían sobre el territorio.