Si alguien está  más interesado en este tema envieme un email a:
 If anyone is interested in a subject more on this subject send me an email to:

mediterrano@gmx.us

Mostrando entradas con la etiqueta economía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta economía. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de abril de 2013

EL LAPIS SPECULARIS

El lapis specularis o piedra especular se identifica con la variedad mineralógica del yeso conocida como yeso selenítico; éste se caracteriza por su aspecto hialino y por su gran tamaño cristalino, del que se pueden obtener láminas de exfoliación de grandes proporciones. En la comarca donde se localiza, es denominado y conocido como espejillo, espejuelo, reluz, piedra del lobo (ya que brilla al reflejo de la luna), espejo de asno, etc.
Su denominación proviene de su principal característica, la de poder dejar pasar la luz y poder ver a través de su masa, singularidad que compartió con otros materiales pétreos que se explotaron en época  romana y que fueron utilizados en el pasado por semejante peculiaridad.
En la antigüedad, los tratadistas clásicos realizaron la clasificación y la nomenclatura de los minerales en función de sus características, apoyándose tanto en las propiedades del uso y cualidades de talla de la piedra, como por el lugar geográfico de su ubicación, así como por su color, forma, semejanza con alguna cosa, o cualquier tipo de relación que identificara o aludiera al mineral en cuestión.
Esta catalogación permitía que una variación de color de un mismo mineral, por pequeño que fuera, determinara la existencia de otro con distinto nombre y, por el contrario, varios minerales con una característica semejante quedaban incluidos bajo una misma denominación. Sólo hasta el siglo XVIII, con la aparición del análisis químico y el desarrollo de la mineralogía científica, se descubrió que minerales con una forma externa similar podían ser distintos, y dos de apariencia física diferente podían compartir la misma composición química y cristalina.
Actualmente, se mantiene el empleo de nombres antiguos para mencionar a ciertos minerales, a pesar de que muchos de ellos no se corresponden con el mineral referido en la antigüedad, favoreciendo de este modo las confusiones y un cúmulo de errores.
El caso del lapis specularis no ha sido una excepción. Desde hace siglos, y hasta nuestros días, la identificación del espejillo ha pasado por variopintas interpretaciones, entre las que se encuentran la mica (atribución errónea de Adolf Schulten, que ha sido continuada por otros investigadores perpetuando semejante catalogación), y otras asignaciones igualmente confusas y desafortunadas como el mármol, el talco y el alabastro.
En la identificación de Segóbriga, el lapis specularis resultó ser determinante en la disputa que durante siglos mantuvieron diversos investigadores por ubicar el emplazamiento correcto de dicha ciudad. Así, unos y otros, en defensa de sus postulados, esgrimieron la presencia o no de la piedra especular, e incluso viajaron a los distintos sitios (Albarracín, Segorbe, Saelices), que se proponían como lugares posibles de la antigua Segóbriga, recorriendo y prospectando los campos para confirmar o desmentir los indicios mineros que identificaran de forma segura el emplazamiento de la ciudad.
En la actualidad, al igual que no existe duda razonable sobre la ubicación de Segóbriga en el cerro de Cabeza de Griego (Saelices, Cuenca), tampoco existe sobre la naturaleza del material que fue el principal elemento dinamizador de la economía de las tierras conquenses en época romana. Sus vías principales de comunicación y en especial la calzada que unía Segóbriga con Carthago-Nova, así como algunas de sus ciudades y la distribución de sus gentes, se articulaban en función del aprovechamiento de este material, que en su día logró alcanzar una importancia sólo comparable con las grandes explotaciones metalíferas de la época.
Una vez perdida su funcionalidad y uso, la explotación del yeso especular fue prácticamente abandonada, ya que a partir de época  celtibérica y romana sólo se ha aprovechado de forma residual, de  manera puntual y en ocasiones con finalidades diferentes.
La distribución del espejillo se haría con carretas tiradas por caballerías y, las más pesadas, por bueyes. El transporte rodado de carga se serviría de las calzadas como vías de comunicación para el comercio del lapis specularis, en especial la calzada hacia Carthago-Nova que, sería la ruta natural de salida y exportación del espejillo.
El final de las explotaciones de lapis specularis vino condicionado por el desarrollo de la industria del vidrio y su sustitución por éste. Al no haberse continuado la explotación nada más que de forma residual, el espejillo se sumió en el olvido, y su minería permaneció desconocida y ajena a la tradición histórica minera que otras zonas y otras explotaciones por sus continuas reactivaciones a lo largo del tiempo, han mantenido.
Extracción y procesado del mineral
Una vez conocidos los métodos de trabajo, la iluminación, y el instrumental minero, nos queda por conocer cómo se extraía el lapis specularis. La secuencia de extracción de las placas de espejillo comienza, como nos indicaba Plinio el Viejo, con el arranque de los bloques dentro de la mina, y si era factible se reducía el tamaño del bloque extraído mediante su corte con serrucho ya en el interior, para poder así sacar y transportar el menor volumen posible. Los bloques se porteaban por las galerías de trecho en trecho hasta los pozos, de donde se sacaban al exterior mediante tornos o por las rampas con el uso de caballerías.

En el exterior, el espejillo se acarreaba a las instalaciones de superficie que se situaban a boca de mina, donde los centros de procesamiento devastaban las placas y las seleccionaban por calidades y tamaños. Después de los retoques y de la selección, las placas de espejillo se cortaban con sierra en módulos comerciales, usando una serie de plantillas y punzones que dibujaban y perfilaban, con incisiones en el mismo espejillo, el formato y la superficie a cortar según el módulo requerido.
La forma más frecuente de los módulos es la rectangular o cuadrada. El formato cuadrado es fácil de apilar y embalar, lo que abarata sustancialmente los costes, aunque no se descarta el uso de módulos más complejos que requerirían complicados dibujos curvos, u otras formas geométricas como triángulos, círculos, rombos, etc. Los módulos de espejillo eran ideales para su aplicación  como acristalamiento a modo de vidrieras en ventanales o celosías a basé de vanos de cerámica o piedra, o en rejas metálicas y entramados de madera que hacían las veces de ventanas.
La piedra especular se puede cortar con sierra fácilmente. Se usaron distintos tipos de sierra. A juzgar por las huellas dejadas en los espejillos cortados, los grosores de los dientes de las sierras y serruchos son de varios tamaños, pero todas las piezas presentan un ángulo de corte 45 grados, por lo que es de suponer el apoyo de las placas en superficies planas, seguramente mesas o bancos de trabajo para poder cortarlas con mayor comodidad.
Una vez cortadas, las placas se hienden con cinceles y se separan en láminas, exfoliándose en planos naturales. La exfoliación permite que, de una pieza en bruto, se obtengan una serie de láminas idénticas del mismo patrón, siempre en función de la capacidad de grosor de la placa de espejillo. Esto es muy útil en parámetros constructivos, ya que con varias exfoliaciones se contaría con una serie de módulos iguales que son replicas de sí mismas, y agiliza el trabajo si se necesitase, por ejemplo, una serie de piezas idénticas para cubrir un vano subdividido en retículas moduladas que se pretendiera construir.
No sabemos todavía cómo se las ingeniarían para conseguir el "ancho predeterminado" a la hora de lajar las placas, es decir, cómo conseguían un ancho preciso por ejemplo, de láminas de dos centímetros, ya que la exfoliación tiende a lajar las placas por las direcciones de fracturas y de debilidad, y no por anchos homogéneos, dificultando enormemente obtener la medida deseada y establecida. Quizá el método sea semejante a la de los maestros de cantería, que van fijando pequeñas cuñas de madera a intervalos iguales, para que las piedras se partan con el mismo grosor y de manera uniforme en el lugar adecuado; este trabajo sería hecho por personal especializado.
Con los módulos de espejillo ya preparados, sólo restaba embalarlos y distribuirlos. El embalaje también se hacía en la instalación minera, posiblemente en cajas de madera rellenas de paja o en sacos de esparto precintados con plomo, a juzgar por el elevado número de ellos que hay en la zona de minas.



El lapis specularis o espejuelo es un yeso cristalizado que se presenta en la naturaleza en forma de grandes masas transparentes. Su estructura es laminar u hojosa, de manera que parece estar constituido por multitud de hojas o capas adheridas, siendo susceptible de ser exfoliado, es decir, separarlo siguiendo planos determinados, lo que permite obtener, fácilmente y de una sola placa, una serie de láminas diáfanas, de grosores variables y textura micácea.
Por su propiedad translúcida y sus características, se aplicó preferentemente en la edificación urbanística del nuevo Imperio en construcción, de manera que en Hispania, y más concretamente en una zona de la Tarraconense, un mineral particularmente abundante, de gran pureza, calidad y fácil de trabajar, se convirtió en el material constructivo conocido en su época como lapis specularis.

viernes, 19 de abril de 2013

Economia de los Carpetanos

La economía de estos pueblos está supeditada a las características del entorno natural, ya sea por el régimen de lluvias, ya sea por la temperatura.
Hay una nueva estructura socioeconómica pues se da una tendencia a la jerarquización social, se introducen el arado y la trashumancia ganadera, se produce un aumento demográfico debido a las nuevas mejoras tecnológicas, pero que trae también una nueva inestabilidad. Se produce una nueva organización defensiva y económica del territorio. Son estas las zonas de mayor perduración de las formas de vida tradicionales, por debajo del proceso de romanización.
Según nos cuenta Estrabón, que la Carpetanía era un teritorio medianamente fértil y no tan inhóspito como el de sus vecinos los celtíberos.
Plantaban vid y su cosecha era a primeros de agosto, y hacían vino que lo guardaban en tinajas. tal como nos lo relata el historiador Columela. También plantaban cereales y el olivo fue una de sus mayores producciones.
Del trigo podemos decir que lo guardaban en silos subterráneos cubiertos de paja para mantenerlo seco.
Plinio nos dice que la cebada se sembraba el mes de abril y se recogían dos cosechas anuales y de ella se obtenía por fermentación una bebida llamada que embriagaba y ponía contenta a la gente y que se llamaba Caelia ( cerveza).
El mismo historiador  nos dice también que consumían bellotas y formaban parte de su dieta alimenticia y hacían pan de bellota cuando escaseaban los recursos de trigo y otros cereales.
En la ganadería dominaban las ovejas, las cabras, el ganado vacuno, los ciervos y los cerdos que las aprovechaban como carne, productos lácteos, que es posible que ya fabricasen queso y lana que sacaban de las ovejas y hacían sagums,
En cuanto a los caballos, mulas y asnos podemos decir que se aprovechaban como animales de carrera, para montar los jinetes par ir a la guerra y como animales de transporte de personal y mercancías tirando carros y carretas.
Plinio nos habla de la importancia económica que tenían los burros diciéndonos que una cría de asno de la Celtiberia valía unos 400.000 sestercios.
 En  la caza vemos que las piezas más codiciadas eran los ciervos, además de los conejos.
La caza de aves palmípedas y migratorias en los humedales dulces y salados de la Carpetanía se llenaban en otoño y primavera y era muy importante ya que se comían su carne y sus huevos.
Estrabón nos dice que parte del comercio se realizaba por vía fluvial que era más económica que la terrestre, ya que los ríos eran navegables como el Tagus, en el que podían funcionar grandes barcazas que transportaban maderas, lana, trigo, vino y otras mercancías que las intercambiaban por artículos de primera necesidad.
En las riberas de los ríos debió abundar la pesca que se podría afirmar  que también era una parte muy importante para su dieta alimenticia el producto obtenido de los ríos cercanos,
Algunas comarcas en la Carpetanía, por su calidad de tierra son aptas para confeccionar vasos cerámicos, ladrillos y adobes como margas y arcillas.
 La cerámica tuvo gran importancia entre los pueblos carpetanos, tal como se demuestran algunos hallazgos de cerámica griega comoel skyphos, kylikes de figuras rojas, cráteras de campana, kylis, platos páteras, cuencos y varias formas de una cronología de últimos del siglo V y todo el siglo IV a.C. en diversos yacimientos de los carpetanos,. Esto es de entender que tenían un buen comercio con los pueblos costeros que estaban colonizados por los helenos.
La cerámica de barniz rojo, propia de los íberos también estaba presente en algunos de los yacimientos carpetanos, ya quelas intercambiaban con otras zonas de la Península, sin que por ello haya que excluir la producción local.
Se encontró también cerámica campaniense y cerámica pintada celtibérica que tenía una decoración que imita la madera al aplicar un engobe rojizo- marrón en la superficie de los vasos.
La actividad textil viene determinada por los hallazgos de pesas de cerámica hechas a mano en algunos enclaves del territorio de los carpetanos en la segunda edad del Hierro.
 La sal era un factor muy importante ya que estaba vinculada con la ganadería ya que servía para mantener los alimentos en condiciones aceptables. Cuando hablamos de sal nos referimos obviamente a la sal Gema.
La elevada concentración salina de algunos lugares de la Carpetanía y la fácil extracción hizo que este producto se comercializase desde tiempos remotos. Se almacenaba en Silos y servía para hacer salazones y conservas de pescado.
La minería vendría detallada por las minas de Lapis specularis que tenían cerca de ellos y por algunos pocos yacimientos de materiales preciosos.

La producción siderúrgica está atestiguada en Segobriga, que aunque pertenecía a los olcades luego fue conquistada por los carpetanos debido a la cantidd de escoria aparecida en los estratos de esta ciudad.
Los carpetanos también presentan una importante influencia céltica, que nos permite relacionar esta zona con el área de la Meseta Norte y cuyos rasgos serían entre otros la presencia en los yacimientos de cerámicas incisas y excisas y de determinados tipos de fíbulas o las terminaciones en -briga de algunos nombres de sus ciudades.
Conocían los hornos, los morteros mineros y los molinos de mano.
 Herramientas de hierro, pesas de telar, basureros con restos de fauna, tinajas para almacenar alimentos o platos y vasos para servirlos, son valiosísimos indicadores con los que poder reescribir una historia a partir de retazos dispersos. Otros objetos, en cambio, nos permiten tener una idea de cómo se vestían o adornaban los carpetanos.
Para terminar con la economía carpetana, hay que indicar la aparición de la moneda a finales del siglo III a.C. o comienzos del siglo II a.C. que se debió fundamentalmente a los contactos de los carpetanos con los romanos y con los cartagineses, que hicieron frecuente el uso de la moneda entre los carpetanos. Pero hasta la mitad del siglo I a.C. no se conoce la acuñaron de moneda propia por parte de los carpetanos.

jueves, 18 de abril de 2013

Economía de los Belos

Es difícil hacer un estudio exhaustivo y concreto sobre la actividad socioeconómica  de estos pueblos ya que van siempre emparentados  o acompañados con los titos y además por la falta de conocimiento e información que nos transmiten las fuentes clásicas y los pocos hallazgos encontrados tras las numerosas investigaciones, ya que las cuales  no nos aportan los testimonios suficientes como para poder detallar un estudio sobre las relaciones comerciales con los vecinos de diferentes tribus, y por falta de documentos escritos, en un contexto determinado  de carácter y rigor científico..

Las fuentes escritas se refieren a la Celtiberia como un territorio pobre e inhóspito cuyos habitantes eran pobres pastores que tenían que enrolarse con frecuencia como mercenarios para poder sobrevivir Sin embargo, la Arqueología está documentando con mayor exactitud las actividades económicas de los celtiberos y permite corregir algunos errores que se venían repitiendo en la bibliografía
La ganadería fue, sin duda una actividad importante propiciada por los terrenos abruptos de muchas comarcas meseteñas que ha dejado abundantes huellas en el registro arqueológico
Se dedicaban al pastoreo y al cuidado de animales y era una ganadería diversificada en la que predominaban las ovejas, cabras y los bóvidos seguidos de los cerdos y, en menor porcentaje, de los caballos. El aporte cárnico era complementado con la caza según muestran los restos encontrados de ciervos, jabalíes, corzos, conejos y liebres

Como tienen una buena  y rica cabaña es de ganadería ovina, de su lana se da una industria textil próspera, fabricando el sagum (es una especie de manto cuadrado que no pasaba de las rodillas y se ponía encima de los demás vestidos ajustándose por medio de un broche) utilizado como prenda fundamental para soportar los entonces violentísimos inviernos mesetarios y también como tributo. Es posible que también fabricasen queso para su existencia.

Como todos los celtíberos la base fundamental de este pueblo  la constituye la agricultura especialmente los cereales , pues están en una tierra muy fértil donde pueden cosechar cereales como cebada, trigo y mijo además del olivo. que ya conocían su existencia También podían cultivar la vid, según demuestran los lagares encontrados en algunos poblados con las técnicas conocidas en época antigua en el Mediterráneo, de forma que se podía elaborar vino siguiendo también los usos de la Celtiberia en lo que se refiere a la crianza de la uva.
Plinio menciona la diversidad de verduras cultivadas: las cebollas, la col y frijoles, así como diferentes variedades de manzanas
Se sabe que en Segeda los celtíberos o belos del lugar ya utilizaban  lagares de vino .Este poblado, situado en el Valle del Perejiles, fue uno de los enclaves más destacados de la Celtiberia, capital de la etnia de los Belos y la primera ciudad celtíbera que acuñó moneda, cuyo poder desencadenó la declaración de guerra por parte de Roma y su destrucción total.
Otras actividades importantes fueron la minería y la metalurgia, en la que los celtíberos alcanzaron un gran perfección, especialmente en la manufactura de objetos de hierro según puede deducirse de los numerosos objetos metálicos tales como espadas y orfebrería recuperados en los yacimientos arqueológicos.
Plinio el Viejo, historiador romano, elogia las armas fabricadas por los celtíberos que eran conocidas en todo el mundo antiguo y en especial en todo el imperio romano.
En metalurgia se sabe de la existencia de oro en el río Jalón y de hierro en el Moncayo. De producción de plata apenas hay noticias.
La explotación de la sal, de las maderas de los bosques, la producción textil, el tratamiento de las pieles y la industria cerámica fueron otras tantas actividades que debieron jugar un importante papel económico y que, en muchas ocasiones debieron ser objeto de intercambios comerciales
Su cerámica está caracterizada por temas decorativos a bandas con círculos y semicírculos.
El mundo de las creencias está constreñido al panteón pancéltico. Dioses y diosas de la naturaleza con especial importancia de las Matres (divinidades femeninas de la fertilidad, el luto y la maternidad), Epona (diosa de la fertilidad y del agua) y Sucello (divinidad infernal antropomorfa).
Sus cecas emisoras de moneda son muy conocidas pues los restos numismáticos han llegado bien conservados a nuestros días y en relativa abundancia. En el campo epigráfico habría que destacar los bronces de Botorrita (Contrebia Belaisca) que han sido muy estudiados.
 

martes, 16 de abril de 2013

Las Minas de los Olcades

La totalidad del conjunto minero que configura las minas de lapis specularis se encuentra en la actual provincia de Cuenca, extendiéndose a través de sus tres regiones naturales: Sierra, Alcarria, y Mancha. El distrito minero tiene como epicentro geográfico la ciudad romana de Segóbriga, pero ésta no es ni mucho menos la única ciudad que se dedicaba al comercio y explotación del minado.
La ciudad de Ercávica en la Alcarria (Castro de Santaver, en Cañaveruelas), el enclave de Culebras en la cuenca fluvial del Guadamejud, el asentamiento de la posible Opta o Istonium romana (Cerro Alvar Fáñez, en Huete), el yacimiento del cerro de la Virgen de la Cuesta (Alconchel de la Estrella), y un gran número de otras poblaciones menores tenían relación igualmente con la explotación o el procesado posterior del espejillo, abarcando una zona minera que se desarrolla en una franja de 150 km. de largo de norte a sur y de unos 40 km. de ancho, coincidiendo con la distribución geográfica de los yesos terciarios en el área conocida como cuenca del Loranca.
En lo que respecta a las instalaciones de superficie excavadas, se ha localizado un área de trabajo donde se procesaba el espejillo y se cortaba en módulos comerciales generalmente múltiplos del pie romano, al igual que una serie de hornos-fragua, fundamentales para reparar, aguzar y fabricar todo el utillaje metálico necesario para emprender y afrontar las labores mineras.
Los restos constructivos de estas instalaciones, denotan un tipo de construcción de carácter elemental y de precaria calidad. Las edificaciones están hechas de adobe y suelos de tierra apisonada, los muros son delgados y la ausencia de restos de techumbre denota el carácter circunstancial y perecedero de las cubiertas, que posiblemente fueran de materia vegetal, y cuyos restos puedan ser las grandes manchas de cenizas halladas en la excavación.
La gran extensión de la zona minera ha hecho de esta explotación un fenómeno particular, de dimensiones más que considerables, tanto en el espacio físico que ocupa, como en el elevado número de las explotaciones mineras. Éstas, se organizan en complejos mineros que cuentan con sus correspondientes poblados y unas infraestructuras de vías de comunicación, instalaciones y servicios de apoyo que articulan la explotación.
Dentro del conjunto minero de lapis specularis pueden distinguirse, como hemos dicho, una serie de complejos mineros. Actualmente estamos procediendo a su inventario de forma sistemática, y aunque alguno de estos minados ya se conocía de antiguo, la investigación en curso ha permitido identificar nuevas minas que, con el tiempo, al haber sido tapadas por procesos erosivos, o por haber incidido en ellas trabajos agrícolas, quedaban encubiertas en el terreno, dificultando su localización.

Por otro lado, las minas de lapis specularis unen al paso de los años del fin de su actividad, unas características de mimetización y sincretismo con el paisaje actual que hacen extremadamente complicada su identificación en algunos casos.
Las antiguas escombreras se han degradado y los yesos extraídos del interior, una vez en superficie, se han disuelto y alterado, de forma que el terreno exterior apenas difiere del espacio circundante. Sin embargo, todo ello no deja de ser el camuflaje de una actividad minera que ha generado y modelado un peculiar paisaje que, bajo un manto "natural", esconde una realidad más compleja, en la que cerros y torcas, son en verdad antiguas escombreras y grandes salas mineras hundidas por gravedad y vencimiento de sus soportes, y que en muchos casos se desarrollan a lo largo de kilómetros, como testigos externos de lo que fue la explotación minera.
El inventario de los complejos mineros hasta ahora localizados supera la veintena, distribuyéndose y afectando a más de diecisiete municipios actuales conqueses, que cuentan con minados en sus términos municipales.
El material arqueológico de los poblados mineros es mayoritariamente de los siglos I y II d. C., con lo que nos encontramos con una explotación que se desarrolla en su mayor parte en época Altoimperial, donde abundan los materiales de importación itálicos y gálicos, excepcionales en su calidad y cantidad, fruto de la dinámica comercial que generó la explotación del espejillo.
En relación con el auge y la economía de la zona, las minas de lapis specularis gracias a su producción, sirvieron como revulsivo económico y de atracción para la venida de numerosos inmigrantes, tal como se ha podido comprobar mediante los hallazgos de inscripciones epigráficas en la ciudad de Segóbriga, uno de los yacimientos españoles donde es posible constatar una presencia de gentes de origen diverso y uno de los núcleos hispanorromanos más activo y cosmopolita del interior Peninsular.. 
Igualmente, la colonización itálica que se desarrolló en Hispania, potenció el proceso de urbanismo y la integración de las comunidades indígenas a la romanización,  donde la minería desempeño un papel fundamental dentro del marco de la política colonialista romana.
Estos inmigrantes itálicos afluyeron para hacerse cargo de las explotaciones y se establecieron en la zona consolidando su poder junto a las elites indígenas locales. Gracias al beneficio obtenido de las minas y a su consecuente mayor poder adquisitivo, formaron parte de la clase dirigente y, mediante su condición de privilegio, ejercieron unas magistraturas que les facilitaban de forma ambivalente el control económico del Minal y el control sociopolítico del territorio.
Por otra parte, la riqueza generada por las minas puede rastrearse en los costosos programas de edificaciones que hoy podemos ver en las ruinas de las ciudades, consecuencia principal de la intensificación de las explotaciones y del ejercicio de un evergetismo donde la edilicia y las obras públicas constituían el máximo exponente de la propaganda política.
Otra de las consecuencias directas de las explotaciones mineras sería la potenciación de otros sectores dependientes y al servicio del ámbito minero. La actividad minera precisaba una logística compleja y variada para su funcionamiento, donde las necesidades son múltiples y a gran escala.
Las minas demandaban madera para entibar, cordaje, sacos y vestimenta, carros para el transporte, animales de carga, construcciones y útiles de todo tipo, fraguas y forjas para herramientas, y cubrir las necesidades básicas de los que trabajaban en ellas entre otras muchas cosas.
Por tanto, las minas ejercieron un efecto multiplicador en la economía, sobre todo en el desarrollo mediante la inversión de sus beneficios en una potente riqueza agrícola, incentivada por la concepción romana de que la posesión de tierras y su puesta en cultivo eran símbolo de poder, prestigio y riqueza, y abonada por los ingentes capitales que la producción minera generaba.
El número de minados, pozos y galerías subterráneas de los complejos mineros de lapis specularis es impresionante, si bien la mayoría de las minas están colmatadas y cegadas. Actualmente contamos con un gran número de accesos abiertos que, en mayor o menor grado, presentan desarrollos importantes; varias llegan a los 500 metros, dos superan el kilómetro de galerías, y una de ellas en concreto (HPC-5), supera los 5 kilómetros de galerías sin haber finalizado todavía su exploración. En todas ellas nos encontramos todo un entramado laberíntico de galerías mineras de época romana y los restos de una actividad humana detenida en el tiempo en un medio subterráneo.
El área de explotación del conjunto minero de lapis specularis se sitúa en la actual provincia de Cuenca, en tierras de la antigua Celtiberia prerromana. La zona, que se incorporó a  Roma tras las campañas de Tiberio Sempronio Graco en el 179 a. C., se vió envuelta, desde entonces y hasta la paz de Augusto, en varios episodios de las guerras celtibéricas y lusitanas y, posteriormente, en las guerras civiles romanas.
Casi con seguridad, será en época de Augusto cuando las minas de lapis specularis se pusieron en explotación, ya que al parecer, sólo a partir de entonces no se darían las condiciones adecuadas que hicieran posible la puesta en labor del Minal y las posibilidades de exportación de sus recursos. Este hecho, se está confirmando arqueológicamente en las excavaciones y prospecciones llevadas a cabo, donde el material arqueológico de los poblados mineros hasta ahora arranca en época augustea, no habiendo testimonio anterior, por el momento, de otro tipo que no fuera la extracción de yeso de fragua para uso local por las comunidades preromanas de la zona.

lunes, 15 de abril de 2013

Economía de los Vacceos

Los vacceos que habitaron en las orillas del Duero crearon un sistema agropecuario, con una agricultura cerealista extensiva que aportó al paisaje de hace 2.000 años una imagen muy similar al que actualmente tiene
Respecto al sistema colectivista agrario, Diodoro de Sicilia escribe lo siguiente: el más avanzado de entre los pueblos vecinos a éstos (los Celtíberos), es el conjunto de los llamados Vacceos: pues éstos, cada año, distribuyen la tierra arable a los labradores, y poniendo en común sus frutos, entregaban a cada uno su parte, y a los labradores que se apropiaban de alguna parte para ellos mismos, daban la muerte como castigo.
Las tierras no eran de nadie en particular, sino de todos. Una agricultura comunitaria. Ninguno tenía las mejores tierras ni las peores. Cada año, tras sorteo, cada familia cultivaba las señaladas por la fortuna y llegada la cosecha depositaba lo recogido, sin quedarse un celemín, en un granero comunal, en un pósito, en una silla - salvando las distancias-, desde la que se procedía a redistribuir el grano según cada quién y sus necesidades.
Corría el siglo III a. C. y formaban una sociedad agrícola y pastoril que vivía del intercambio de productos.
Fueron un pueblo de granjeros que se dedicaron principalmente al cultivo de  los cereales, donde se cultivó fundamentalmente el trigo y la cebada, eran viticultores, es decir, que se dedicaban también a la plantación de viñas  y a la ganadería ovina, según demuestran los diferentes hallazgos encontrados en muchas de sus poblaciones. Su agricultura fue de tipo colectivista, es decir, basada en la propiedad colectiva, y la ganadería era trashumante.
Pese a que los escasos datos recogidos en las zonas vaccea más próximas (Roa, “El Soto de Medinilla”, Padilla) sí se sabe que los bóvidos eran abundantes por entonces en Rosa, y todo lo contrario en “El Soto de Medinilla”.
Se cree que hubo gran desarrollo de los ovicaprinos y suidas. Hay referencias en los clásicos sobre mantos de lana llamados “saga”, de color negro. Aparte de su importancia alimentaria, también la tenían en temas textiles estos animales, los animales domésticos por entonces llegaron a ser tan importantes que llegaron a convertirse e tributo en tiempos de guerra, por ejemplo: Lúpulo, después de atacar “Intercatia”, recibió 10000 capas de lana y cierta cantidad de ganado.
Los cerdos domésticos también se ofrecieron como ofrendas, según parece por los restos encontrados en Padilla de Duero y la aldea alavesa de La Hoya, La importancia tanto del cerdo doméstico como del jabalí (cerdo salvaje) llegó a manifestarse en objetos como puñales, espadas o fíbulas; y también que en una tumba se encontró un puñal damasquinado de plata de un individuo pudiente.
También destacaron las gallinas, especie traída por los fenicios. También se ofrecían como ofrendas, y también se encontró un vaso pintado en “El Soto de Medinilla” con una imagen suya.
La caza también fue importante, destacando lepóridos y cérvidos. Según Apiano y pruebas arqueológicas, en “Intercatia” comían bastante carne de liebres y ciervo, pero estos alimentos provocaron al ejército romanos problemas digestivos.
El caballo les sirvió tanto de alimento como recurso táctico, llegando a ser famosa la caballería celtibérica de “Pallantia” e Intercatia”.
Los silos revelan que los vacceos también se dedicaron al cereal, llegando a dotar a localidades como “Numantia” y esto les hizo enemigos de los romanos; Escipión se dedicó durante el 134 a.C. a acabar con las cosechas de los vacceos, en este sentido conviene recurrir al escrito de Diodoro: “Cada año reparten los campos para cultivarlos y dan a cada uno una parte de los frutos obtenidos en común”; “A los labradores que contravienen la regla se les aplica la pena de muerte”. Estos textos manifestaban que la economía vaccea estaba basada en la propiedad en común de la tierra y en un sistema de colectividad agrario basado principalmente en el cereal. También se descubrió una migración anterior a un asentamiento estable como consecuencia de su desarrollo pastoril y la novedad del arado, apreciándose también su organización social. Además, incluso según la información que proporciona Diodoro basada en la de Posidonio (naturalista y filósofo que estuvo en la Península hacia el 100 a.C.), esta forma económica vaccea se basó tanto desde el punto de vista económico como militar: por entonces se mantuvo una larga guerra contras los romanos (quienes acabaron venciendo); y esta situación les levó a tomas ciertas medidas drásticas como la pena de muerte a los que infringían las normas.
La industria agropecuaria también contribuye a la economía vaccea. Estudiando sus costumbres se sabe que hubo gran cantidad de intercambios con las zonas colindantes: por esta zona también hubo un sector de orfebrería claramente distinta de la del Noreste peninsular y de la zona ibérica que distribuía principalmente a la zona vaccea a cambio del correspondiente cereal a modo de trueque.
La cabaña ganadera estuvo constituida, por orden de importancia, por vacas, ovejas, cabras, cerdos, caballos, gallinas y conejos. Los ovicaprinos tuvieron gran importancia no tanto en relación con su consumo como por los productos derivados y en particular por la lana. Materia prima, de característico color negro, que serviría de base para una floreciente actividad textil: la confección de saga o capas de lana, cuyo aprecio convirtieron a este producto en valor de cambio en el pago de tributo de guerra. Por su parte el caballo, antes que en relación con el consumo, debió de jugar un papel importante como elemento táctico; el elogio que los autores clásicos hacen de la caballería celtibérica, y por extensión de la de algunas ciudades vacceas como Pallantia o Intercatia parece suficientemente expresivo al respecto. Muy probablemente el vino fuera ya producido cuando menos desde el siglo II a.C., según vienen a demostrar algunos datos de Cauca, pero su consumo frecuente está acreditado desde los inicios del siglo IV a.C. en copas recuperadas en el cementerio de Las Ruedas de Pintia.
 Con todo, el sector agropecuario no debió de constituir la base económica exclusiva de las gentes vacceas. El análisis de la cultura material obtenida en el registro arqueológico permite concluir el alto desarrollo de sus manufacturas y la intensidad y alcance de los intercambios comerciales que, amen del marco local, habrían alcanzado cuando menos una dimensión interregional, especialmente con la zona septentrional de las actuales provincias de Palencia y Burgos, e incluso Álava, donde se establecieran los históricos cántabros, autrigones, turmogos o berones.
Uno de los déficits más evidentes en este territorio sedimentario de la zona central de la Cuenca del Duero fue la ausencia de criaderos metálicos que sustentaran los trabajos de broncistas, herreros y orfebres. Y sin embargo, dentro de la región vaccea encontramos una espléndida variedad y cantidad de elaborados metálicos, algunos de ellos incluso con rasgos de peculiaridad suficientes para otorgar a la metalistería u orfebrería unas señas de identidad propias.  Es evidente que el excedente de producción cerealista sirvió para intercambiar todas una serie de materias primas, entre las que incluiríamos también el granito tan habitual para confeccionar los característicos molinos circulares, con áreas circundantes.