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sábado, 13 de abril de 2013

LOS CASTROS SORIANOS

Sobre el siglo VI hasta  el  IV a.C. llegan a  la Península las invasiones indoeuropeas de gente procedentes de La Galia Belga, en este caso los pelendones.
Durante los comienzos de la Edad del Hierro, encontramos algunas manifestaciones de estos crecientes contactos, como la estatua menhir de Villar del Ala, que paulatinamente van siendo más intensos, llegando principalmente desde el otro lado del Sistema Ibérico, documentado a través de diferentes tipos cerámicos (como los de decoración excisa), asociado a grupos navarro-riojanos-alaveses que en su transterminancia ganadera entran en contacto con estas poblaciones estimulando una trasformación que tendrá como resultado el asentamiento en un territorio fijo. Tradicionalmente este proceso se vio asociado con invasiones “célticas”, es decir a la expansión de los grupos que se incineran en campos de urnas, como los que encontramos ya desde el siglo VII a.C en la llanura aluvial soriana, aunque hoy en día se acepta más la difusión de ideas y modelos sociales que son asimilados por las comunidades locales.
De esta manera, a finales del siglo VII a.C., encontramos los primeros ejemplos de una nueva forma de ocupación del entorno, fija en un territorio, como en Fuensaúco y El Solejón (Hinojosa del Campo), los cuales buscan los cerros elevados con buena comunicación, construyendo viviendas, cabañas circulares, realizadas con materiales efímeros, ramas y barro.
Estas gentes se reúnen en castros o fortificaciones amuralladas típicas de la Edad del Hierro.
Entre ellos establecen la hospitalidad y el aprovechamiento mutuo y conjunto de los terrenos agrícolas parla producción de cereales y la cabaña ganadera.
Normalmente todos los castros son emporios rodeados y protegidos por murallas, los cuales si eran de una tribu u otra iban siendo invadidos, o tal vez por el pacto de hospitum había varias etnias en cada castro o más bien, en cada castro cercano a otro habían etnias de diferentes clases tal como ocurría en el muncdo ibérico, donde convivían todas ellas en poco espacio.

Castro de Izana


Este cerro, situado al noroeste, está separado aproximadamente un kilómetro del pueblo. Se puede llegar al lugar desde la carretera que viene de Soria desde y poco antes de llegar al pueblo hay que coger una senda a la izquierda que pasa al pie del yacimiento.
Este cerro amesetado está situado a 70m por encima de la planicie que le rodea, presentan sus laderas difícil acceso, siendo más fácil la del oeste.
El poblado celtibérico:
Se asentó un amplio cerro, midiendo de ejes en la cumbre de 180 y 160 metros, lo que representa una superficie de unos 22.000 metro cuadrados.
Este yacimiento estaría primeramente poblado por los pelendones de la primera oleada celta procedente de centro Europa y más tarde sería repoblado o conquistada por os arévacos.
-El Sistema defensivo:
La muralla que hoy se encuentra bastante desmontada, según Taracena, que excavó este yacimiento, circundaba toda la parte superior del cerro. Está construida a base de lajas de piedra, dispuestas a junta encontrada, y recogidas con barro, alternando con piedras de mayor tamaño que la robustecen, conservando por el nordeste de 1,50 a 2,50m de altura (según Taracena sería poco más elevado)

En su lado este la muralla muestra un doble sistema defensivo que estaría unido por una especie de torre trapezoidal (7 por 8,50m). Es posible que la muralla sufriera una reconstrucción de los dos muros de la zona este y una parte del oeste, ya que ofrecen diferencias con el resto.
-El espacio interior y cronología:
Se descubrieron viviendas rectangulares, cimentadas sobre le manto natural, con la base de piedra cogida con barro y recrecidas las paredes con tapial (probablemente con encestado). Algunas de estas viviendas presentan la típica habitación subterránea o cueva, de hasta 2,50m de profundidad, para guardar los alimentos como ocurre en Numancia y otros yacimientos celtibéricos. En una de estas casas se encontró un hogar formado por lajas de piedra hincadas en el suelo. Estas casas según Taracena estaban dispuestas en torno a una calle de 2,50m de anchura, con aceras muy bajas y empedradas con piedras menudas.
Partiendo de la cronología propuesta en su día por Taracena para el yacimiento de lzana en función del único nivel de ocupación fechado en la primera mitad del siglo I a. C., la estrategia de muestreo se basó en las conclusiones que para esta época exponía el trabajo de prospección realizado en la zona ante el convencimiento de que los patrones de distribución de la cerámica podrían estar reflejando la situación que describe.
En este momento se detecta un desarrollo del poblamiento celtibérico a través del aumento del número de asentamientos con emplazamientos distintos al poblamiento anterior. Hay dos tipos de enclaves: asentamientos extensos en lugares elevados que dominan las cabeceras de los ríos y asentamientos en llano dependientes de los anteriores en lo que se plantea como una red jerárquica. La mayor ocupación del territorio se achaca al establecimiento de una nueva organización económica que busca un mayor aprovechamiento agrícola del terreno.

El mayor número de hallazgos fueron cerámicas, lo que hace pensar que este poblado fue un gran centro productor de alfarería celtibérica transportada por carros de un lugar a otro, grandes vasijas para almacenamiento, así como vajilla, constituida por cuencos, copas de pie corto, platos, vasos, jarras trilobuladas o circulares, ollas, soportes y trompas decoradas con temas figurados y geométricos: aves, espirales, tetrasqueles, líneas onduladas, círculos concéntricos, que guardan similitud con las de Numancia. También se encontraron abundantes pesas de telar de cerámica, en su mayoría marcadas.
Junto a algunos elementos de adorno, como fíbulas y algunas armas, se hallaron útiles de metal que permiten pensar que sus habitantes tenían como principal recurso la explotación de los bosques, la agricultura  y el cultivo de cereales. Por las muestras que se poseen podemos ver que esta gente se dedicaban a arar los campos, es decir a la actividad agrícola. Algunas monedas con letrero celtibérico y una latino llevan a fechar este poblado en los siglos II-I a.C.
Los testimonios arqueológicos y los datos de las fuentes clásicas coinciden en señalar que la base económica de las comunidades celtibéricas de la meseta oriental era agropecuaria.
Si bien el peso de la ganadería es considerable, este sector económico no es el exclusivo y a su lado ha de valorarse el papel que la creciente especialización agrícola tiene en el desarrollo global del mundo prerromano meseteño.
Las especies más cultivadas fueron las gramíneas, en especial el trigo, la cebada;,el mijo. calcinados y depositados en vasijas de almacenamiento, se destinaban a la preparación de panes, sémolas, harinas y pastas, mencionadas incluso por autores como Estrabón o Plinio, también para alimentar al ganado (plantas forrajeras) y para elaborar bebidas fermentadas tan del gusto de los pueblos celtibéricos como la cerveza, denominada en las fuentes:-caelia.
La reja de lzana y el resto de aperos  se realizaron en fraguas y talleres locales con la técnica del martilleo, forjando el hierro caliente en estado sólido que convenientemente era introducido en agua fría con lo cual se potenciaba la flexibilidad de las piezas sin disminuir su resistencia, el mismo procedimiento se aplicaba en lafabricación del famoso armamento celtibérico.
El tipo de reja de izana, estrecha y de orejas cortas, es característico de la Celtiberia, en contraposición a la reja de los arados de la Galia, más ancha y con orejas más largas. Según los estudios de Rees, el modelo de reja larga y delgada con patillas cortas corresponde a una variedad de arado más avanzada tecnológicamente y más reciente en el tiempo.



--- Salas de Los Infantes

A unos Km. de Salas de los Infantes por el camino denominado "La Carrera", que gira ala izquierda discurriendo paralelo al río Arlanza en dirección a Castrovido, nos encontramos con un altonazo de aspecto amesetado y, sobre él se ubicó un asentamiento de carácter defensivo en época prerromana.
En todo el entorno de Salas de los Infantes hay varios castros pertenecientes a esta cultura celtibérica. Para simplificar  el trabajo vamos a resumirlos todos en uno, es decir los hallazgos los consideraremos como si se hubiesen encontrado todos en el mismo lugar, ya que se diferencian poco unos castros de otros y todos pertenecen al mismo municipio
El territorio donde hoy está Salas fue habitado por la tribu celtíbera de los pelendones, que ocupaban un castro en una colina, hasta la llegada de los romanos, que establecieron un asentamiento en la orilla del río. Dentro del municipio, en la vecina localidad de Castrovido, también había otro asentamiento celtíbero.
Si bien estuvo habitado desde el S-V a.C, vivió su momento de explendor durante los Siglos III al I a.C, coincidiendo con el desarrollo de la cultura Celtibérica, llegando a su fin con la invasión romana.
Ya en la Primera Edad del Hierro (siglo V a. de C.) estuvo habitado, ya que aparecen cerámicas hechas a mano de superficies bruñidas, con las típicas decoraciones de esta época, como marcas de uñas y dedos en los bordes.

RECINTO FORTIFICADO

Tenía una muralla defensiva que delimitaba el perímetro del poblado y podía alcanzar una altura de 4 metros. El paramento de la muralla se construía a hueso, es decir, sin ningún tipo de unión.
Las casas del poblado tenían forma rectangular. Los cimientos y paredes, de hasta 1,2 metros de alto, eran de piedra, sobre las que se situaban las paredes construidas con adobes. El pilar central de la casa, que servía de apoyo al tejado, sería de madera y se apoyaría sobre una piedra tallada, de forma circular y con un rebaje en el centro. El tejado estaba formado por una gruesa y compacta capa de cañizo trabajado con cuerda de lino, de poco peso y que con la pendiente adecuada resultaba impermeable.
Existía un horno de fundición de hierro (la temperatura de fusión es de 1.550 ºC), que estaba construido con adobes, muy resistente y aislante del calor. Se introducía el aire dentro del horno mediante fuelles y para dar forma a las herramientas y armas que se construían con el hierro fundido se utilizaban moldes de piedra arenisca.
Todavía puede observarse en las inmediaciones de El Castro gran cantidad de escoria, adobes, grandes piedras circulares, cerámica, restos de algún molino, pesas de hilares, canicas...
En el año 1917, J. Luis Monteverde adquirió en Salas de los Infantes una estilizada cabeza de toro embolado, en bronce, decorada con rayas y círculos concéntricos, que constituía el remate del mango de una ‘pátera post-hallstática, que presumiblemente procedería de El Castro.
Por lo que se refiere a la cerámica elaborada a mano que ha sido hallada, podemos distinguir dos variantes:
–       Cerámica de paredes muy gruesas, pasta muy grosera con mucho gránulo y de color oscuro, incluso negro.
–       Cerámica más refinada y con decoración. La pasta está más depurada, con escaso gránulo y corresponde a perfiles muy delgados; dominan los colores oscuros que van del negro al gris claro aunque aparecen también varios fragmentos de color pardo oscuro. Algunos vasos están espatulados, tanto en la superficie interior como exterior.
-- Los fragmentos de producciones a torno son también muy numerosos y las pastas son generalmente de color anaranjado y rojo amarillento, aunque hay que señalar la presencia de algunos fragmentos de pasta de color gris.

HALLAZGOS

En cuanto a la decoración, se repiten los esquemas habituales: semicírculos concéntricos y líneas paralelas formando esquemas geométricos utilizando en ocasiones como base una línea pintada o una moldura.
Han aparecido también algunos objetos de bronce: varias pulseras, fíbulas (imperdibles), planchuelas con perforaciones circulares,... También han aparecido varios objetos de hierro, como una vaina de puñal con decoración estriada, un cuchillo de filo curvo y algunas planchuelas con perforaciones circulares.
En el Museo Arqueológico y Paleontológico de Salas podemos contemplar un gran número de piezas encontradas en El Castro, como son una punta de flecha en sílex (Neolítico), varios fragmentos de hachas pulidas, cerámicas decoradas a mano con marcas de dedos y de uñas (Hierro I), cerámicas celtibéricas (Hierro II), cerámicas a torno pintadas con semicírculos, cerámicas incisas, bolas funerarias, anzuelos, fichas de juego, cerámicas romanas, copas, fragmentos de cajitas de cerámica decoradas, fíbulas, placas de cinturón, tarteras, pondus, queseras, moldes de fundición, vainas de cuchillo, telares, huesos trabajados (mangos), clavos, hachas de hierro y tijeras.
Cerámica celta.—De la primera época del Hierro, más conocida con el nombre del cultura «Hallstáttica » , se han recogido varios cajones con cientos de fragmentos de cerámica tosca, hecha a base de barro con mezcla de granulaciones de granito y algo de mica, de paredes muy gruesas, hechas sin torno, ni cocidas al horno, y de coloraciones negruzcas, grises, pardas, rojizas o anaranjadas. Aunque no aparecen perfiles completos, parece tratarse de formas más o menos ovoideas,con bordes rectos o vueltos hacia afuera y bases planas.
En algunos fragmentos las decoraciones son plásticas de cordones
con variados tipos de impresiones dactilares, situadas fiecuentemente en la linea de unión del cuerpo y cuello vuelto hacia el exterior. Otros ostentan bandas de impresiones digitales acanaladas y combinadas a veces con otras de uñadas. No son tampoco raros los bordes o labios superiores ornamentados mediante impresiones digitales.
Vasija celta hallada en Salas
Abundan mucho las asas, siendo de varios tipos: Las planas salientes hasta los cinco cms. de longitud. Las semicirculares con orificio central. Una muy original emparejada con dos perforaciones verticales.

 Otro de los fragmentos de asa presenta doble fila de probables orificios de suspensión, etc.
Es asimismo muy interesante una hachita de piedra pulimentada
Con orificio, lo que demuestra que sirvió de amuleto o talismán. Aunque la técnica es neolítica, sin embargo la incluimos en la primera edad del Hierro, que hoy por hoy es la más antigua del castro. Posiblemente al hacer excavaciones sistemáticas aparezcan objetos de culturas más antiguas. Todos estos ejemplares pertenecen a los siglos VII-Y ( a J . C.).
De la segunda época del Hierro, denominada también . Post-hallstáttica, existen varios fragmentos correspondientes a vasos de menor tamaño y paredes delgadas elaborados con barros generalmente más finos que los anteriores. Predominan aquí los negruzcos, sin desgrasantes, con engobe brillante y superficies espatuladas. La decoración se reduce a acanalados paralelos que rodean a toda la vasija, generalmente incisos. Uno de los fragmentos presenta ornamentación reticular.
Asimismo son frecuentes diversos tipos de tazones: cilíndricos y cónicos.
Entre los objetos metálicos pertenecientes a esta cultura posthallstáttica figuran: un fragmento de bronce con dos orificios y triple acanaladura, probablemente perteneció a la hebilla de un cinturón. Una larga aguja o alfiler, asimismo de bronce, correspondiente a una fíbula de puente de gran tamaño.
La industria del hueso está representado por un fragmento hueco trabajado y cilíndrico. La punta del asta de un cuerno de ciervo está así mismo trabajada, habiendo servido de punzón. También se recogieron, cuyo material es de barro, una fusaiola troncocónica con orificio central. Dos fichas circulares y planas de coloración rojiza. Cinco bolitas, cuya finalidad y uso se desconoce. Asimismo figuran un molino de mano plano y completo, así como fragmentos de otros varios.
Todos estos objetos se pueden incluir dentro de la segunda edad del Hierro, que comprende los siglos IV y III (a J. C.).

b) Cerämica ibérica.—Esta abunda también muchísimo en el castro, y por su ornamentación y colorido la podemos clasificar en los siguientes grupos: l.".—«Vasijas a base de arcilla fina, engobe rojo y pintura negra. Su ornamentación es totalmente geométrica: franjas circulares que rodean el cuello y panza de los vasos; círculos concéntricos, rombos o losanges tangenciaIes, y líneas ondulantes y paralelas entre sí.
-2.°.—«Vasijas a base de arcilla fina engobe blancuzco y pintura negra. Su ornamentación es también geométrica y del mismo tipo que la anterior.
 3  Fragmentos de vasija de arcilla fina, engobe negro y pintura roja. Entre todos destaca un fragmento cuya ornamentación pintada se halla en el interior del cuello de la vasija. La forma de los recipientes es muy variada. Todos ellos están fabricados a torno, cocidos al horno. Pertenecen a la cultura ibérica de los siglos V-II (a J. C.).
Toda esta cerámica recogida aparece siempre muy fragmentada sin posibilidad muy clara de establecer sus formas, prueba de ello es que entre los miles de fragmentos hasta el momento sólo cabe reconstruir tres vasijas.



--- El Castro de Ocenilla

Se puede acceder desde el pueblo por una senda que sale desde el Barrio Alto con dirección hacia el oeste, para dar una amplia vuelta y dirigirse al sur y acceder por un estrecho collado y dura subida hasta el poblado celtibérico.
Fue excavado este poblado por Blas Taracena y publicado sus resultados, en 1932, en la memoria 119 de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades.
Este castro es del siglo II a.C. y fue abandonado posiblemente durante la toma de la cercana ciudad de Numancia en el año 133 Ac.
Se localiza en un saliente, inclinado hacia el norte, de la cima de la sierra de Cabrejas. Presenta fuertes pendientes por tres de sus lados, menos en el sur, por el que se une a la sierra.
Las excavaciones de B. Taracena, destacaron las grandes murallas, de las que se conservan hasta cinco metros de altura en algunas zonas, en la parte sur, la mejor defendida tiene dos torres y señala la presencia de dos puertas, la del sureste con un recinto que relaciona con un “cuerpo de guardia”.
Juan Loperráez Corvalán, ya en el s.XVIII, localiza a los pelendones en los Montes Distercios, que corresponden a la región que hoy se describe.
Las torres cuadradas ofrecen en el territorio celtibérico una cronología tardía, en ningún caso anterior al siglo III a.C.,
Al interior aparecen habitaciones rectangulares adosadas a la muralla, con cerámicas celtibéricas, realizadas a torno, algunas pintadas, otros materiales son molinos circulares, puntas de lanza, tijeras, hoces y varias fíbulas. Taracena situó el emplazamiento en los siglos III-II a.C.
Cascos
La presencia de panoplias forma das por espada y lanzas es conocida en la Península ya desde el período fi nal de la Edad del Bronce,
Se tienen referencias de cascos metálicos, así Poseidonio hace referencia a uno “de bronce, adornado con cresta de color escarlata”, pero contamos con pocas referencias más, dos de tipo céltico representado en un vaso de Numancia, que remata en fauces bífidas de monstruo y cimera movible, similar a la que se refiere Silio Itálico en relación con Uxama. Otros rematan en cuernos o en figura de gallo y uno, pintado en un oinochoe de Ocenilla
Otros rematan en cuernos o en figura de gallo y uno, pintado en un oinochoe de Ocenilla, termina en un crestón ático.

Armas de asta.

A pesar de la importancia dada a la espada y al puñal, las diferentes fuentes coinciden en considerar a estas armas como una de las fundamentales del guerrero hispánico, lo que había quedado demostrado en las fases precedentes gracias a los muy frecuentes hallazgos de puntas de lanza y jabalina en las necrópolis celtibéricas, siendo durante la fase III también los elementos armamentísticos más abundantes, cuando no los únicos, como confi rman los hallazgos en hábitats indígenas . Constituyen una de las armas predilectas tanto de la infantería, como lo evidencianlas representaciones pintadas de Ocenilla ( con un ejemplar de lengua de carpa y una punta de lanza.
El brazo del jinete, realizado con doble línea y el interior sin pintar, termina en una mano en la que aparecen bien indicados los cinco dedos extendidos, no empuñando la lanza que sostiene, aunque esto es lo habitual, como puede observarse, por ejemplo, en el guerrero con lanza en mano de la jarra del Castillo de Ocenilla .
También se han encontrado puntas de lanza. hallazgos cerámicos cuantitativamente escasos asociados a Cogotas I
 



 

--- Visontium

Hacía ya siglos que los pueblos llamados íberos se habían consolidado en muchos valles pirenaicos y llanuras vecinas sobre todo en las cuencas de los ríos Gallego, Cinca, Segre y Ebro medio. En la Edad del Hierro comenzaron a aparecer nuevos invasores que ahora conocemos bajo el denominador común de celtas (griego kéltoi, lat. celtae).
Este movimiento de llegada de gentes celtas duró varios siglos. Eran, desde luego, un pueblo indoeuropeo. Uno de los primeros contactos vasco-célticos tiene lugar hacia el Garona.
Plinio y Plutarco testimonian que los aquitanos rechazaron a los celtas obligándoles a invadir España por vía marítima desembarcando en las costas occidentales cantábricas y portuguesas.

Conocida por Ptolomeo como ciudad pelendona, se ha identificado con la actual Vinuesa. Visontium es el nombre celtíbero de la actual Vinuesa, al pie de los Picos de Urbión y de la sierra de Cebollera, con una altitud de 1.107 msnm hace del lugar un atractivo turístico de importancia a lo que une su riqueza forestal..

  Estaba habitada por el pueblo pelendón o palendón, de los celtíberos, un pueblo ganadero que no estaba ni mucho menos tan adelantado como sus vecinos los arévacos, y que presumiblemente fueron los fundadores de Numancia, conquistada más tarde por los poderosos arevacos.
Los Pelendones como las demás tribus celtibéricas estaban circunscritas a un determinado terreno pero siempre empeñados en nuevas conquistas a costa de sus vecinos, que se defendían con la misma virulencia.
En ese territorio se movían para ampliar su zona, aprovechar los recursos vegetales y animales y establecían asentamientos más o menos estables, mientras duraran los recursos que, en la cabecera del Duero eran abundantes en pesca, caza y aprovechamiento de los montes.
Los pelendones participan de las características de los "celtas de Iberia", cuya principal cualidad es la fusión o intercambio cultural -hasta sanguíneo, según autores- con los pobladores indígenas y la ya asentada civilización ibera, con la particularidad de que, dada su ubicación y su dedicación ganadera, se situaban en el centro de las líneas que comunicaban el Este y Oeste peninsular y, especialmente, en las rutas de la trashumancia.
Sabemos por Ptolomeo que esta ciudad era una de las varias de los pelendones
La caelia llenaba las jarras y los primeros bocados salían de las brasas. Todos encontraban algo en el mercado para negociar: vasijas, vestidos, herramientas, armas, y todo tipo de alimentos como quesos, mieles, o cecinas.
Los danzantes hacían círculos en torno a la gente y, como siempre, no faltaba el anciano desdentado que reía a carcajadas mostrando a los más jóvenes sus habilidades con los juegos de manos, con los ágiles juegos de pies en el baile, o con los juegos de palabras picantes que provocaban la risa de todos.
 La tribu de los Pelendones se movió por la Cuenca del Duero, mejor dicho por la cabecera sin poder precisar los límites, pues ni siquiera Plinio y Ptolomeo, los dos mejores historiadores de la antigüedad, clasifican de igual modo los asentamientos Arévacos y Pelendones pues coinciden en unos y discrepan en otros.
Devenidas de las "Calendae Martiae" del calendario romano, tienen su origen en el calendario autóctono, en el que el año comenzaba el primer día de marzo, celebrándose la llegada del tiempo primaveral, el bautizo de los jóvenes guerreros y de las mozas en edad de merecer; entre hogueras, árboles engalanados, canciones, bailes y calor comunal.
En este oppidum, como es de entender, se organizaban lonjas o mercadillos donde se podían intercambiar las cosas, esto es la economía del trueque típica de los pelendones.
Parece ser que este oppidum de fue atacado varias veces por los vacceos hasta que  al final  se hicieron con el antes de ser aliados de los romanos.
   En tiempo de los romanos de oppidum (lugar elevado, una colina o meseta, cuyas defensas naturales se han visto reforzadas por la intervención del hombre) pasó a tener o poseer el rango o  categoría de municipium por ser una ciudad o fortificación amurallada como si se tratase de una cabeza de partido judicial y parece que, en su origen, el desarrollo particular de alguno de estos lugares pudo estar ligado a la existencia de un lugar de culto importante, siendo hasta entonces ciudades peregrinas, sin capacidad de autoadministrarse y considerados sus ciudadanos peregrinos, o ciudadanos "de segunda.
Sus ciudadanos no eran completamente ciudadanos romanos (pero sus magistrados podían serlo después de su retiro, pero ellos tomaban parte de las tareas de los ciudadanos completos en términos de responsabilidades de pagar impuestos y el servicio militar. Un municipium era gobernado por un consejo de cuatro oficiales electos anualmente.
El origen de la villa de Vinuesa por fuerza ha de ser muy antiguo. Citada por varios autores entre las ciudades de los Pelendones, tiene en la actual Beçançon francesa su ciudad hermana.
El nombre remoto de Vinuesa fue "Visontium" del que no hay ni un paso al de "Vesontio" que fue el de Beçançon. No olvidemos que de la Aquitania provenían los "belendi" o pelendones, los que sin duda dieron su nombre a Vinuesa. Quizá provenían de la actual Beçançon y, con la costumbre clásica de todo invasor, dieron a sus nuevos hogares el nombre de la ciudad de donde provenían. ¿Fueron acaso en el pasado tanto Vinuesa como Beçançon ciudades totémicas del "Bisontium" o bisonte europeo?.
Extinguido en la actualidad, pero sin duda abundante poblador de los bosques célticos, en compañía del mítico "Auroch" o Uro, lejano antecesor fósil del toro de lidia. O,  Tal vez Vesontio y Visontium pertenecieron a tribus o clanes fundados bajo la advocación de este animal.
Dada la escasez de población y de recursos, el impuesto anual se haría en especias, dedicando para ello veinte sagums y cuatro carretas de madera elaborada, entre vigas, y traviesas. Más adelante, el pago se haría en denarios de plata de curso romano, una vez revisada su equivalencia.
La moneda celtíbera había perdido su valor. Por otra parte, se daría cobijo en el nuevo poblado a un maestro que ilustraría en lengua y leyes latinas a los jóvenes y, especialmente, al consejo de la tribu. Del mismo modo, se acomodaría a cuatro auxilias, o guardias romanos, que velarían por el orden y dependerían del destacamento más cercano.

Bien mirado, la nueva ubicación del poblado trajo consigo más ventajas que inconvenientes. El asentamiento se había transformado en un lugar abierto donde las casas se iban a ir construyendo de forma más espaciosa y consistente. Accesos y caminos, más amplios y llanos, servirían mejor al trasiego del ganado y de las carretas de mercancías. La proximidad al río permitió que en su vega se fueran habilitando pequeños huertos para el cultivo de frutales y verduras y, aunque los rayos del sol tardaban más tiempo en caldear la vida cotidiana, las montañas servían ahora de abrigo, sin tener que hacer frente a las densas nieblas y las ventiscas de las cumbres.


El ejército romano rara vez tuvo que intervenir desde su destacamento y si lo hacía era escoltando a funcionarios y escribanos de la provincia, del Convento de Clunia, a mercaderes, o en batidas en las que perseguían a rebeldes arévacos o pelendones que, de forma aislada, se echaban al monte en pequeñas partidas sublevados contra el poder de Roma.
 Con el tiempo, las gentes fueron asimilando de manera inconsciente los nuevos conceptos sobre la organización social, sus clases y jerarquías, otras deidades, las nociones más elementales del derecho romano, y el uso generalizado de las primeras palabras latinas. Sin embargo, en cada familia se renovaba un juramento de fidelidad a las tradiciones y, siempre que había ocasión, se reafirmaban en sus valores. Se señaló el día décimo después de la cuarta luna para memoria de los antepasados, y se ascendía hasta el castro donde, en el mismo lugar en que generaciones más tarde los primeros pelendones cristianos levantaran un templo a Santa Lucía, se les recordaba y se les dedicaban oraciones. Esta tradición, aunque variando su fecha por acomodos diversos, se mantuvo hasta bien entrado el siglo veinte de nuestra era.
 Los encuentros en la Pelendenga fueron decayendo hasta su desaparición, fundamentalmente por dos razones: la primera, que dichas reuniones fueron sometidas a la incómoda vigilancia de la guardia romana empeñada en prevenir el reflorecimiento del espíritu comunal y autogestionario de los pelendones; y la segunda, que ante la nueva disposición administrativa, mercados y tratados se centralizaron en núcleos poblacionales con mayor densidad y dinamismo, donde acudían regularmente los pobladores de las aldeas más próximas, algunas de las cuales ya habían sido borradas del mapa, bien por abandono, o bien, como consecuencia del saqueo y la destrucción que trajo consigo la Segunda Guerra Celtíbera.

--- Trébago

Trébago es un pueblo de la provincia de Soria, con categoría de Lugar y ayuntamiento propio. Hace pocos años pertenecía al Partido Judicial de ágreda, y ahora, después de la reorganización Judicial, al de Soria.

La ocupación humana de Trébago está plenamente demostrada, a través de los hallazgos arqueológicos, entre los años 600 y 400 a. de J.C., correspondiente a la primera edad del hierro, y a la civilización de los castros celtíberos, una de cuyas tribus, los pelendones, poblaron Trébago. Las otras tribus celtíberas propias fueron los arévacos, belos, titos y lusones. Efectivamente, se han encontrado cuchillos, lanzas, flechas y otras armas de hierro, así como también se ha delimitado la existencia de un castro celtíbero, con sus entradas y restos de murallas y fortificaciones, en el cogollo de la colina donde está asentado el pueblo.

Pero resulta que, no hace muchos años, se descubrió una estela
escrita en caracteres ibéricos, pieza altamente interesante. Además, en la parte norte del pueblo, al hacer el desmonte para construir la carretera, aparecieron unas hiladas de grandes piedras, bien colocadas y calzadas, que, salvo mejor opinión, creemos que corresponden a las murallas, de tipo megalítico, celtíberas o ¿acaso iberas?.

Si estos restos arqueológicos fueran de procedencia ibera, habría que aceptar una ocupación humana de Trébago, por los iberos, entre los años 850 y 1200 a. de J.C.

La hipótesis podría ser cierta, tomando en cuenta que las primeras invasiones iberas de la península se efectuaron hacia 2000 a 1500 a. de J.C., invasiones que fueron expandiéndose por todo el levante de España, hasta el mediodía de Francia, y de paso poblando todo el curso bajo y medio del Ebro, y Trébago está en la cuenca media de dicho río, justo al limite de la divisoria Ebro-Duero, por lo que podría ser perfectamente posible la instalación de los iberos en Trébago,
Según Schulten, Trébago estaría formado por la raíz celta "treb", con el sufijo-preposición "con", el "cum" latino, igual que en Contrebia. "Treb", sería simplemente un nombre de tribu, en cuyo caso Trébago significaría simplemente lugar de la tribu, perteneciente a los celtíberos pelendones. Contrebia fue, según los clásicos latinos, la capital de los celtíberos lusones, ubicada cerca de Daroca, Zaragoza. Dentro de los mismos celtíberos pelendones, a muy pocos kilómetros de Trébago, en el pueblo de la Rioja de Inestrillas, se encuentran las ruinas de un castro celtíbero, al que los autores latinos denominan Contrebia Leucade, topónimo, igual que Trébago, Trebiacun gemelo a Contrebia. Esta etimología de Trébago pudiera ser correcta.

Otros autores, entre ellos D. Blas Taracena, dan a la raíz celta "treb" el significado de fortaleza, acepción que, en el caso particular de Trébago, conviene perfectamente, pues en una verdadera fortaleza fue la instalación humana en el lugar, bien ibera o celtíbera, en la cima del montículo donde se asienta el pueblo, cuyo castro hemos señalado en el plano urbano correspondiente. Esta cima estaba naturalmente defendida por pendientes muy pronunciadas, por todos sus puntos cardinales excepto por el suroeste, y en donde fue preciso levantaron las correspondientes murallas, cuyos restos, ya hemos dicho, que han aparecido al norte y al sureste del casco urbano.

D. Florentino Zamora Lucas, miembro que fue de la Real Academia de la Historia, natural del vecino pueblo de Valdejeña, (nombre también de hondas raíces celtíberas o iberas), Trébago pudiera tener origen indo-germánico, conteniendo la raíz "bank", y entonces sería Tres Bancales o Tres lomas, o cerros. Desde luego no se observan en los aledaños del pueblo o su término ningún conjunto de tres cerros o lomas lo suficientemente llamativos, ni antes ni ahora y con la suficiente fuerza cultural o destacada, para dar nombre a la entidad de población. No nos parece adecuada esta explicación etimológica.

Fernando Romero Carnicero y María Lourdes Albertos Firmat dan a la raíz "treb" el significado de casa, lo mismo que en Irlanda medieval y la Galia. En este caso significaría las casas o lugar de las casas, es decir, lugar habitado y poblado, que formaron un con junto urbano. Pudiera ser viable también esta etimología de Trébago.
Fueron encontradas  varias espadas. Se han hallado sillares grandes sin labra, en lo que se  cree una muralla celtíbera..Se encontraron molinos de diferentes clases, además de cerámica celtibérica primitiva mezclada con cerámica pintada de rojo y negro, cerámica tardo-romana y de terra sigillata. Se ha encontrado  una tinaja, probablemente funeraria, y pesas de cerámica para telares. Hallazgo de una piedra inscrita con caracteres ibéricos. Se hallaron  varias clases de monedas, botones, etc. celtíberos y romanos. Hallazgo de puntas de lanzas celtíberas.

--- Contrebia Leukade



Es uno de los asentamientos de población más antiguos de La Rioja, situado en la margen derecha del río Alhama, cerca de Inestrillas y Aguilar del Río Alhama, entre dos pequeños cerros.
Fue una ciudad donde se asentaron hacia el 700-750 a. de C. los pelendones, quienes construyeron una fortificación aprovechando un escarpe rocoso sobre el río y edificaron casas excavadas en la roca con planta rectangular.
Más tarde, llegaron otras tribus celtíberas, los Arévacos, ampliaron el poblado y reforzaron los sistemas defensivos con un profundo foso excavado en la roca y una muralla que rodeaba la ciudad. Éstos se mantuvieron hasta la llegada de los romanos, que conquistaron la ciudad a comienzos del siglo II a. de C.
Hacia la segunda mitad del siglo IV antes de Cristo llegaron otras tribus celtíberas que ampliaron el poblado y reforzaron los sistemas defensivos, con un profundo foso excavado en la roca y una muralla que rodearon la ciudad. Realizaron obras de acondicionamiento para el aprovechamiento de agua potable. Después llegaron los romanos, que conquistaron la ciudad en el año 142 a. De Cristo, lo que supuso la romanización de las tierras del Alhama.
En la actualidad el yacimiento arqueológico es uno de los más espectaculares de la Península y el más significativo a la hora de conocer el grado de desarrollo técnico y la capacidad de organización de los celtíberos.
Corresponde a un poblado de la Primera Edad del Hierro estratégicamente situado dentro de un territorio que proporciona una gran diversidad de recursos y sobre el que ejerce un control directo. Con una superficie bien definida y protegida por accidentes naturales y sistemas artificiales de defensa, acoge en su interior un número indeterminado de viviendas de tipo familiar, de planta rectangular y dispuestas de forma ordenada.
Se trata de una ciudad amurallada la cual se apoya directamente sobre la roca natural, su alzado se articula en tres partes diferenciadas: zócalo, compuesto por piedras de morfología irregular, lajas, piezas largas y delgadas, y bloques, piezas perfectamente rectangulares que componían la zona alta.

La ordenación del interior de la ciudad se ajusta a la irregularidad del relieve. Las casas se disponen alineadas respecto a calles bien marcadas. Su planta es rectangular. Las más completas constan de tres habitaciones, un vestíbulo, una habitación principal en la que se situaba el hogar y un almacén.

Se descubrió un pozo que permitía el abastecimiento de agua de la población sin la necesidad de salir de la fortificación.
Se ha encontrado  numerosa cerámica hecha a mano, algunas copas de cerámica ibérica pintada a torno, también se encontraron fusayolas, platos, algunos puñales, broches e instrumentos metálicos para el campo.