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jueves, 18 de abril de 2013

LOS BELOS

Debido a las pocas fuentes escritas que existen y los pocos vestigios y hallazgos encontrados tanto en las necrópolis como en los poblados, y después de  las investigaciones realizadas en varios campos,  vamos a hacer una descripción o un estudio, lo más aproximadamente posible, de lo que sería en sí el pueblo  que los autores clásicos y antiguos llaman los belos celtíberos.
Desde el 600, un grupo de belgas -portadores de la lengua celtibérica- formado por los arévacos, titos y belos, se asentaría en la zona occidental de Aragón, reduciendo el ámbito de los lusones.
Los Belos eran un pueblo, etnia o tribu  de la Hispania celtibérica Citerior que habito la provincia de Soria, antes de la ocupación romana, se extendía por la zona noreste. Se trata de un pueblo celta llegado a la península con las invasiones del s. VI y establecido en el alto valle del Duero, desde donde ocuparía el valle Alto del río Jalón, por lo tanto , en la actualidad correspondería a las comarca de Arcos de Jalon, y Medinaceli.
Son mencionados por las fuentes romanas en relación con los arévacos, lusones y titos.
Polibio y Estrabón denominan Celtiberia a toda la Meseta, aunque en ocasiones la reduzcan sólo a su parte oriental. Según estos autores, estaba ocupada por cuatro tribus: arévacos, lusones, belos y titos, a los que habría que añadir los pelendones, citados por Plinio y Ptolomeo, y los pueblos del Moncayo, con las ciudades de Tarazona y Borja citadas por Ptolomeo
 Apiano cita repetidas veces a titos y belos, de tal forma que se entiende que los primeros se hallan en la clientela u hospitum de los últimos, es decir  que los titos se hallaban supeditados a los belos, y ambos a los arévacos
En la Geografía de Ptolomeo, escrita en el siglo II d.C., ninguno de estos pueblos aparece especificado, sino que bajo el genérico «celtíberos» se agrupa al parecer, a belos, titos, lusones y celtíberos propios.
Son citados en textos asociados con el rey de Iliria (antigua región histórica de Europa que, en su mayor extensión, incluía la parte occidental de la península balcánica en la costa oriental del mar Adriático), así que se pensaba que eran de origen ilirio. Tienen una gran relación con los Titos y los Lusones, compartiendo la mayoría de las características.
Según Floro los belos eran consanguíneos y aliados de los arévacos.
Bosch Gimpera sostiene que los belos llegaron desde la Galia junto con los arévacos
Una ciudad importante es Nertóbriga que emite moneda de bronce en el siglo III a. C. en las que aparece un jinete lancero. La más destacada, sin embargo, es Sekaisa (Segeda), que acuña moneda en torno al siglo II a. C. En el 154 a. C. amplía su territorio provocando las Guerras Celtibéricas.
Su capital era Segeda, que comúnmente se sitúa en el yacimiento de Belmonte, próximo a Calatayud, ya que en él se encontraron monedas ibéricas con el rótulo Secaisa. La situación, sin embargo, no está clara, pues parece que Belmonte se halla fuera del territorio belo.
Esta ciudad había pactado con Tiberio Graco (179 a.C.), a pesar de lo cual fue motivo de que se iniciase la denominada «guerra numantina», debido a la ampliación de sus murallas. Los belos hicieron muy pronto las paces con Roma, por medio del procónsul Marcelo, en 146 a.C., fecha en que se sometieron definitivamente al invasor y dejaron de ser nombrados por las fuentes romanas.
Ocuparían el valle del Jalón, desde la confluencia con el Piedra; por el sur limitarían con la Sierra Solorio hasta Sierra Ministra, y por el norte, con las de la Mata, Muedo, el extremo sur de la de Miñana y la sierra de Almantes. Estos límites no son del todo seguros, sobre todo los que les separarían de titos y lusones. Pertenecerían a este pueblo las ciudades de Segeda, Attacum, Arcobriga y Ocilis (tal vez Medinaceli).
En la actualidad este panorama se complica al tener necesariamente que hacer descender el territorio de celtíberos por el Huerva hasta Contrebia Belaisca, donde harían frontera con los sedetanos. El problema reside en la adscripción a grupo tribal de estos celtíberos de Contrebia, que o bien forman parte de un conglomerado ya modificado en los inicios del siglo i a.C., dentro del mismo grupo que los lusones, o bien hacen frontera con ellos. En tal caso los lusones estarían, entre el siglo II a.C. en su segunda mitad y el I a.C., ocupando un territorio a caballo entre las zonas de Morata y Cavero, en la Idubeda, por el valle del Jalón, entre la zona actual de Calatayud, sin llegar a Daroca o sin sobrepasarla mucho por el Jiloca; queda el problema de la identificación de Contrebia Carbica, ocupando quizás el valle del Perejiles y parte de la llanura entre La Almunia y Cariñena, sin llegar a ésta.
Por los pactos de hospitalidad, puede que los Belos, lusones y algunos más viviesen todos juntos. Así pues se puede entender a los autores clásicos cuando nos hablan de estas tribus en el sentido que cada cual o que cada uno les llama como quiere y las sitúa a todas en un mismo sitio.
Cuando los romanos conquistaron lo que actualmente es la provincia de Teruel se encontraron con dos grupos étnicos diferentes: los íberos y los celtíberos.
Los belos y titos, que habían buscado refugio en los arévacos, infringieron una grave derrota al ejército romano, pero, con los restos del mismo, Nobilior aún estuvo en condiciones de poner cerco a Numantia (Numancia)
El nombre de Belos quizá provenga del latín “ Bellum” que quiere decir “guerra”, es posible que estas gentes, en la mayoria, fuesen todos guerreros.
Otras fuentes nos señalan que están emparentados con los arévacos, lusones y vacceos por el tronco común de los Belovacos de la Galia.
Así, el territorio occidental de la actual provincia de Teruel debió estar ocupado por los celtíberos belos, siendo Damaniu, en Hinojosa de Jarque, la ciudad que marcaría el límite con la zona ibérica.

Economía de los Belos

Es difícil hacer un estudio exhaustivo y concreto sobre la actividad socioeconómica  de estos pueblos ya que van siempre emparentados  o acompañados con los titos y además por la falta de conocimiento e información que nos transmiten las fuentes clásicas y los pocos hallazgos encontrados tras las numerosas investigaciones, ya que las cuales  no nos aportan los testimonios suficientes como para poder detallar un estudio sobre las relaciones comerciales con los vecinos de diferentes tribus, y por falta de documentos escritos, en un contexto determinado  de carácter y rigor científico..

Las fuentes escritas se refieren a la Celtiberia como un territorio pobre e inhóspito cuyos habitantes eran pobres pastores que tenían que enrolarse con frecuencia como mercenarios para poder sobrevivir Sin embargo, la Arqueología está documentando con mayor exactitud las actividades económicas de los celtiberos y permite corregir algunos errores que se venían repitiendo en la bibliografía
La ganadería fue, sin duda una actividad importante propiciada por los terrenos abruptos de muchas comarcas meseteñas que ha dejado abundantes huellas en el registro arqueológico
Se dedicaban al pastoreo y al cuidado de animales y era una ganadería diversificada en la que predominaban las ovejas, cabras y los bóvidos seguidos de los cerdos y, en menor porcentaje, de los caballos. El aporte cárnico era complementado con la caza según muestran los restos encontrados de ciervos, jabalíes, corzos, conejos y liebres

Como tienen una buena  y rica cabaña es de ganadería ovina, de su lana se da una industria textil próspera, fabricando el sagum (es una especie de manto cuadrado que no pasaba de las rodillas y se ponía encima de los demás vestidos ajustándose por medio de un broche) utilizado como prenda fundamental para soportar los entonces violentísimos inviernos mesetarios y también como tributo. Es posible que también fabricasen queso para su existencia.

Como todos los celtíberos la base fundamental de este pueblo  la constituye la agricultura especialmente los cereales , pues están en una tierra muy fértil donde pueden cosechar cereales como cebada, trigo y mijo además del olivo. que ya conocían su existencia También podían cultivar la vid, según demuestran los lagares encontrados en algunos poblados con las técnicas conocidas en época antigua en el Mediterráneo, de forma que se podía elaborar vino siguiendo también los usos de la Celtiberia en lo que se refiere a la crianza de la uva.
Plinio menciona la diversidad de verduras cultivadas: las cebollas, la col y frijoles, así como diferentes variedades de manzanas
Se sabe que en Segeda los celtíberos o belos del lugar ya utilizaban  lagares de vino .Este poblado, situado en el Valle del Perejiles, fue uno de los enclaves más destacados de la Celtiberia, capital de la etnia de los Belos y la primera ciudad celtíbera que acuñó moneda, cuyo poder desencadenó la declaración de guerra por parte de Roma y su destrucción total.
Otras actividades importantes fueron la minería y la metalurgia, en la que los celtíberos alcanzaron un gran perfección, especialmente en la manufactura de objetos de hierro según puede deducirse de los numerosos objetos metálicos tales como espadas y orfebrería recuperados en los yacimientos arqueológicos.
Plinio el Viejo, historiador romano, elogia las armas fabricadas por los celtíberos que eran conocidas en todo el mundo antiguo y en especial en todo el imperio romano.
En metalurgia se sabe de la existencia de oro en el río Jalón y de hierro en el Moncayo. De producción de plata apenas hay noticias.
La explotación de la sal, de las maderas de los bosques, la producción textil, el tratamiento de las pieles y la industria cerámica fueron otras tantas actividades que debieron jugar un importante papel económico y que, en muchas ocasiones debieron ser objeto de intercambios comerciales
Su cerámica está caracterizada por temas decorativos a bandas con círculos y semicírculos.
El mundo de las creencias está constreñido al panteón pancéltico. Dioses y diosas de la naturaleza con especial importancia de las Matres (divinidades femeninas de la fertilidad, el luto y la maternidad), Epona (diosa de la fertilidad y del agua) y Sucello (divinidad infernal antropomorfa).
Sus cecas emisoras de moneda son muy conocidas pues los restos numismáticos han llegado bien conservados a nuestros días y en relativa abundancia. En el campo epigráfico habría que destacar los bronces de Botorrita (Contrebia Belaisca) que han sido muy estudiados.
 

miércoles, 17 de abril de 2013

LOS AREVACOS

Llamamos así aun pueblo de la antigua Celtiberia, que según muchos historiadores provenía de los bellovacos de la Galia  con todos sus parientes, es decir, que tenían un tronco común con los vacceos , belos y titos, que también vinieron a la celtiberia en la segunda oleada que se produjo de razas o pueblos indoeuropeos procedentes de Centro Europa sobre el siglo VI a .C.  
Estaban situados entre el valle del Duero y el Sistema Ibérico, limitando al oeste con los vacceos, que eran congéneres pero también eran sus enemigos. Al norte limitaban con los pelendones también de estirpe celta o indoeuropea.
Es difícil el ponerse de acuerdo  sobre que ciudades ocupaban porque  las fuentes históricas nos citan que cada población pertenece a unos habitantes diferentes.
 Lo que suponemos es que  las ciudades pertenecían a las dos o 3 etnias que nos citan los autores clásicos, porque unas ciudades eran invadidas por tribus de otra etnia, donde es posible que conviviesen todos juntos,  y si no invadían las poblaciones, por lo menos hacían acuerdos  o cambio de gente entre ellas.
De los pueblos en que están divididos los celtíberos el más poderoso es el de los arévacos, que habitan la región oriental y meridional, y son limítrofes de los carpetanos y vecinos de las fuentes del Tajo.
 Según Plinio:
"A los arévacos les dio el nombre el río Areva. De ellos son seis poblaciones, Secontia y Úxama, nombres que se emplean también en otros lugares, y además Segovia y Nova Augusta, Termes y la propia Clunia, confín de la Celtiberia".
En esa época tanto los belos como arévacos, eran pueblos poderosos y en expansión, ya que estaban reforzando y anexionando a otras ciudades y tribus vecinas. Pero en cuanto Roma envió legiones contra Segeda, lo belos la abandonaron y se refugiaron junto con los arévacos, quienes se hallaban más lejano y desconocido para los romanos y en un terreno más favorable para entablar combate y con ciudades de más difícil acceso como Numancia.

En aquella época, los pueblos luchaban continuamente contra su vecinos y ante la presencia de Roma, los demás pueblos arévacos abandonaron a su suerte a Numancia, teniendo que recurrir a vacceos y cántabros. Por este motivo se puede dudar que sin la aparición de Roma, los arévacos se hubieran convertido en uno de los grandes pueblos de la antigüedad.
La más famosa de sus ciudades es Numancia, cuyo valor se demostró en la guerra de veinte años que sostuvieron los celtíberos contra los romanos; luego de haber destruido varios ejércitos con sus jefes, los numantinos, encerrados tras sus murallas, terminaron por dejarse morir de hambre a excepción de los pocos que rindieron la plaza.
 Aunque  no está muy claro si Numancia era una ciudad que pertenecía al pueblo de los pelendones o de los arévacos. En este sentido, Plinio el Viejo afirma que es una ciudad pelendona, aunque otros autores, como Estrabón y Ptolomeo, la sitúan entre los arévacos. Las principales conjeturas respecto a esta cuestión radican en el origen histórico de la llegada de ambos pueblos al actual suelo español. Los arévacos vinieron a la península posteriormente a los pelendones y los desplazaron hasta el norte de Soria, no quedando claro cuál de ambos fue el auténtico precursor de la ciudad de Numancia.
Los arévacos construían sus poblados sobre cerros para organizar una fácil defensa, rodeados de uno, dos y hasta tres recintos amurallados. Se sabe con certeza que habitaron en los lugares de Osma (Uxama o Argaela, según el autor griego Ptolomeo) y Sepúlveda.
Basándonos en las fuentes clásicas, la relación entre los pueblos vacceo y arévaco debía ser bastante estrecha, no sólo por su comercio, sino también por la estrategia romana de atacar primeramente las ciudades vacceas, con el fin de minar y cortar el suministro al potente pueblo arévaco. En varias ocasiones con la presión y el ataque romano a las ciudades de estos pueblos celta y celtibero, unos y otros se apoyan mutuamente frente al invasor.
Muchos autores piensan que de no haber aparecido Roma, el pueblo arévaco o quizás el vacceo se habrían hecho con el poder de todos los pueblos celtas y celtiberos; aunque hay un dato que se olvida y es que en occidente existían otro potentísimo pueblos, los lusitanos, con una capacidad bélica y demográfica muy importante.

Los arévacos Se dedicaban a la agricultura y pertenecían a la más poderosa de todas las tribus celtíberas, extendiéndose sus poblados por casi toda la franja sur del Duero  mesetario. Sus núcleos eran independientes entre ellos, cuantas eran las diferentes comarcas en que la misma estructura geográfica les dividía. Eran pueblos todavía groseros y rústicos, regidos por distintos régulos o caudillos, sin unidad entre sí y casi sin comunicaciones.  llevaban un nombre que era claramente celta.
Uno de los rasgos más destacados de la organización socioeconómica de los vacceos era la existencia de una importante actividad agrícola cerealista (donde se cultivó fundamentalmente el trigo y la cebada), basada en un régimen de propiedad colectiva. Su producción era de tal magnitud, que numantinos y arévacos dependían de los vacceos para aprovisionarse del cereal.
En cuanto a sus costumbres podemos citar las siguientes:
Adoraban al dios Lug, divinidad de origen celta, al cual festejaban en las noches de plenilunios, bailando en familia a las puertas de sus casas. También rendían culto a sus muertos y a un tal "Elman", o "Endovéllico", según atestiguan algunas inscripciones. Tenían por costumbre dejar sus iconos, o imágenes de los dioses, en cuevas situadas en abruptos peñascales –a veces se trataba de las mismas grutas donde descansaban sus antepasados–, y solían acudir a ellas en grupo, en días señalados para la ocasión. En estos lugares veneraban a sus divinidades y les solicitaban favores, dejándoles sus exvotos.
Su traje se componía de una ropilla negra u oscura, hecha de lana de sus ganados, a la que estaba unida una capucha o capuchón con la cual se cubrían la cabeza cuando no llevaban el casquete que estaba adornado con plumas o garzotas. Al cuello solían rodearse un collar. Una especie de pantalón ajustado completaba su sencillo uniforme.
En las guerras usaban espadas de dos filos, venablos y lanzas con botes de hierro, que endurecían dejándolos enmohecer en la tierra. Gastaban también un puñal rayado, y se alaba su habilidad en el arte de forjar las armas. Se presentaban a batalla en campo raso: interpolaban la infantería con la caballería, la cual en los terrenos ásperos y escabrosos echaba pie a tierra y se batía con la misma ventaja que la tropa ligera de infantería. El cuneas, u orden de batalla triangular de los arévacos, se hizo famoso entre los celtíberos y temible entre los guerreros de la antigüedad.
Las mujeres se empleaban también en ejercicios varoniles y ayudaban a los hombres en la guerra. Se veían obligados, para pelear, a dejar guardados sus cereales en silos o graneros subterráneos donde se conservaban bien los granos durante largo tiempo.

martes, 16 de abril de 2013

LOS OLCADES

Sobre el siglo VI a.C. Los Olcades, un pueblo indoeuropeo, se asientan sobre la zona  conquense de la Manchuela en sureste de la provincia  y limítrofe con las provincias de Albacete y Valencia. Por estas tierras pasó también Aníbal el 220 a.C. en su expedición desde Cartago Nova a Salmántica y Arbocala. La romanización total de esta zona sería sobre el año 179 a. C. por Tiberio Sempronio Graco.
El origen étnico de los olcades parece claramente indoeuropeo, aunque de los pueblos del centro, debió ser uno de los más influidos por la floreciente cultura ibérica. No olvidemos la horizontalidad de su territorio y lo fácilmente transitable del mismo.
Según el historiador Polibio ocupaban el territorio que se extiende desde el nacimiento del río Tajo hasta el nacimiento del río Guadiana.  Si nos atenemos a lo dicho por Polibio, (historiador y geógrafo griego al servicio del general romano Escipión) así como por otros historiadores latinos, en diversas referencias hechas sobre la tribu en cuestión; la provincia de Cuenca se encuentra en territorio de los Olcades; los cuales abarcaban también parte de las actuales provincias de Albacete, Valencia y Teruel.
La estructura socioeconómica y la mentalidad de estas gentes se puede caracterizar, por poseerun patrón de asentamiento   jerarquizado, marcado por la interdepencia económica entre ciudades, aldeas y castillos. Su urbanismo interior aún no respondería a una planificación consciente, pero se habría dotado de sistemas de fortificación defensivos.
Ello conduce a pensar que tendrían lugar situaciones de confrontación armada con relativa frecuencia. Se trataría de comunidades uniformes entre sí en cuanto a la estructura social y las costumbres y modos de vida cotidianos, pero con identidades políticoterritoriales diferenciadas.
Partiendo de una base económica agropecuaria de explotación intensiva, llegaron a desarrollar un alto grado de especialización artesanal (producían cerámica de muy diversos tipos, textiles, ofebrería, armamento de hierro…). Se organizaban internamente de forma jerárquica con un modelo de los denominados “jefaturas complejas” controlado por un estamento nobiliar de carácter guerrero. Hacia el s. I a. C. asumen la escritura ibérica con adaptaciones al sistema fónico celtíbero, apareciendo los primeros textos en esta lengua en las terseras de hospitalidad  halladas en algunos yacimientos.
Su población, vivía dispersa en numerosos, aunque reducidos, poblados, vici et castella, pequeñas aldeas y torres para su defensa. El carácter reducido, numeroso y estacional de estos poblados fue la causa de su frecuente desaparición a lo largo de la historia. Son poblados en llano, sitos en el sector endorreico, caracterizado por las inundaciones ocasionales y la composición salina del suelo. La superficie media de los asentamientos ronda los 581 metros cuadrados y son de carácter funcional, propio de la temporalidad de su ocupación que quizá fuera estacional. Se localizan en las zonas más fértiles y asequibles del territorio, aprovechando cursos de agua estables y manantiales, dominando un valle o paisaje abierto.
Estos pequeños asentamientos situados en terreno llano o en planicies, se encuentran en dependencia directa de un poblado de altura que centraliza el poder: Segóbriga, Valeria y otros de ubicación incierta.
Estas zonas, en las que la ganadería tendría un papel importante, contribuirían a su vez a la iberización de sus vecinos celtíberos, con los que limitaban por el norte, y de los carpetanos, por el oeste. La procedencia étnica de los olcades parece local, a juzgar por la tradición de su sustrato, pero su nombre, relacionable con el de los celtas volcos, permitiría pensar en un proceso de celtización, al menos parcial, paralelo al de la predominante iberización cultural. Pero falta documentación lingüística, por no existir escritura hasta la romanización.
Los Olcades, serranos, tenían su principal ciudad, Cartala o Althea situada, según muchos historiadores, cerca de Alconchel.
Los olcades, vestidos con áspera lana, semejaban en su aspecto, cabras salvajes. Sus curiosas costumbres asombraron a los romanos, especialmente la de utilizar los orines para lavarse el cuerpo y los dientes. Su economía prioritaria estaba basada en la agricultura, y algo de ganadería.

--- Carrascosa del Campo

Almagro Gorbea identificaba como olcades a las gentes enterradas en la necrópolis de Carrascosa del campo.

 En tiempos prerromanos, se tiene constancia de una necrópolis celtibérica, de entre el siglo VI a. C. al siglo III a. C. del pueblo de los Olcades, en el paraje llamado de Las Madrigueras, en la que se hallaron importantes enterramientos, como sesenta y cinco sepulturas funerarias, y también se encontraron importantes vestigios arqueológicos del pueblo de los Olcades, del cual no se tiene mucha información, como objetos de bronce, hierro, cerámica griega, cerámica hallstáttica (uno de los ocho yacimientos de España en los que se han encontrado restos de esta cultura, además de ser el primero en toda la Península Ibérica), cerámica ibérica, gris, etc.

 Este fue uno de los yacimientos más importantes de los olcades estudiados por investigadores y arqueólogos canadienses.
Este yacimiento arqueológico es de gran importancia para el estudio del conocimiento de la población prerrománica de la Meseta Sur, en especial del pueblo de los Olcades que aparecen en la Edad del Hierro y que según los clásicos, dos son las comunidades que habitaron estas tierras en los siglos anteriores a la romanización: los Lusones, de origen Ibero, y los Olcades de origen Celta.
Se puede decir que este poblado era un centro fabril por la abundancia de hallazgos encontrados en hierro, vidrio y cobre,
Como la mayoría de los pueblos o poblados de la zona, se podría decir que una de sus principales actividades económicas era la producción y el trasporte de vino hacia todas sus redes de comercio, así como los cereales, y a partir de los cuales fabricaban la famosa bebida fermentada que decían que era  la bebida de los dioses, la caelia, actualmente se trata de cerveza.
Los vestigios romanos son muy valiosos, con varios emplazamientos, el más importante es un municipio celtibérico-romano que data del siglo VIII a. C. al siglo III d.C., del cual se ha hallado el barrio de artesanos y necrópolis. También se han descubierto restos de vasijas enteras, restos funerarios, pequeñas cremaciones, ánforas de cristal que servían para albergar aceites aromáticos, etc.
El poblado estuvo enclavado un centro de primordial importancia para la actividad metalúrgica y económica romana siendo uno de los más importantes de España con restos e indicios de su ocupación desde la edad de los metales por la cantidad de escorias de hierro y cobre encontradas. Las Madrigueras del pueblo de los Olcaldes fue descubierto en diciembre de 1963, es una necrópolis de campos de urnas de la época del hierro junto al cauce del río Valdejudíos de gran importancia para el estudio de la romanización de este territorio y para el conocimiento de la población prerrománica de la meseta sur. En la provincia de Cuenca aparecieron en la necrópolis de Las Madrigueras una cuenta de collar (Carrascosa del Campo) en la tumba LXII fechada en el año 550-500 a.C, la cuenta tiene el fondo azul verdoso y está decorada con «ojos» realizados mediante tonos azul oscuro, blanco y azul
Las perlas con "OJos»aparecen a partir del Hallstatt, pero el color azul es característico sobre todo de la etapa de La Tene, hacia la cual nos inclinaríamos a colocar nuestros ejemplares, sustituyendo el color amarillo que parece predominar en la época anterior. Esta hipótesis iría bien con la observación realizada en la necrópolis de Carrascosa donde las perlas de color amarillo parecen en la primera Fase Carrascosa I, mientras que las piezas de color azul intenso o translúcido aparecen en la Fase Carrascosa II, y tal vez incluso en los últimos momentos, en todo caso no anteriores al siglo IV a.C .Fue castrum prerromano, centro fabril romano, luego poblado y también fortaleza visigoda y árabe. La vista área que nos proporciona la SIGPAC del Pulpón nos da la cota más alta del contorno con 894 metros y a 200 metros del arroyo de la Vega Seca que termina en el arroyo de la Vega que baja desde Loranca, permite apreciar con gran claridad las trazas en altura de su recinto amurallado con cubos de muralla bastante bien conservados en algunos de sus tramos delimitando restos de construcciones en un recinto prácticamente cuadrado. Se dedicaban a la minería, a extraer el lapis specularis, conocido como espejuelo en la actualidad, es un tipo de piedra de yeso selenítica especular traslúcido, siendo un mineral muy valorado en la Antigua Roma, En esta fortificación situamos un poblado habitado por los trabajadores del centro fabril y de las minas del llamado espejuelo.
 
El Cerro del Pulpón se encuentra a unos escasos siete kilómetros de Carrascosa del Campo por la carretera a Palomares del Campo, alzándose en la margen izquierda. De 859 metros de altitud lo localizamos a 1,5 kilómetros al sur del despoblado del Pulpón. No se deben olvidar los restos de trabajo de espejuelo encontrados en El Pulpón. Tanto es así que vías principales de comunicación y en especial la calzada que unía Segobriga con Cartago-Nova se articulaban en función del aprovechamiento de este material cuya explotación tenía tanta relevancia en la economía romana como la como en la íbera o celtíbera en cuanto al comercio de los metales existentes en la zona ( Lapis Speculum).
En tierras de Carrascosa llegaron a existir hasta doce pequeños poblados surgidos en las inmediaciones de recursos de agua, pozos, arroyos y fuentes, que en la actualidad recuerdan sus nombres. Al sur de la cañada de Beteta, llegamos al despoblado del Pulpón siguiendo durante unos escasos seis kilómetros la carreta a Palomares y junto a ella encontraremos sus muy importantes restos en tierras conocidas como Hoya del Tesoro. Estaba situado en las inmediaciones de una laguna ya desecada; señalada en la cartografía como La Laguna. Al sur se encuentran el cerro del Pulpón y el cerro de la Muela en el paraje de Pozoamargo.

OBJETOS HALLADOS EN EL YACIMIENTO
Objetos de Bronce:
En esta necrópolis se han recogido hasta 15 fíbulas entre ejemplares completos y fragmentados de identificación segura. Un ejemplar de broche de garfio, en la sepultura III que se puede fechar hacia finales del siglo V antes de Cristo.
Objetos diversos:
Cuentas de collar, FUSAYOLAS que son barros bastante finos, que han sido alisados en la superficie y en algunos casos cuidadosamente bruñidos.
Canteros de piedra, o pomos de una piedra blanca y blanda, seguramente un alabastro yesoso.
Objetos de hueso que aparecieron en el pequeño cuenco de la sepultura XLV,y a ellos podemos unir una toba perforada. Conchas.- Una concha marina apareció entre los huesos calcinados de una urna.

--- Erkavika


Su ubicación exacta se desconoce aunque muchos historiadores consideran que se trata del yacimiento de el Castro de Santaver , en el término municipal de Cañaveruelas.Se nos habla poco de ella y algunas fuentes nos dicen que tras cinco días de asedio y cerco a la población, tuvieron, al final que pactar con los romanos, siendo premiada por estos por su acción en el 179 a de C, que fue cuando se destruyó o se tomó la fortaleza más importante de los olcades Althia. 
La ciudad ibero-romana de Ercavica (Cañaveruelas, Cuenca) se ubica en un cerro alargado en sentido norte-sur conocido como el Castro de Santaver, que, a modo de península, se eleva sobre la margen izquierda del río Guadiela, afluente del Tajo. El cerro, a 820 m. s. n. m., ofrece una excelente posición estratégica, con un destacado control visual sobre su entorno, situándose en sus inmediaciones el tramo de la calzada que unía Segobriga y Segontia, de gran interés pues comunicaba las ambas submesetas.
La monumentalidad y entidad de los espacios y edificios públicos de Ercávica, la singularidad de sus vías porticadas, la regularidad de su entramado urbano, el conjunto de edificios residenciales, conforman la imagen de una ciudad próspera y romanizada.
     Siempre según Osuna (1997: 171 y 184), tales construcciones, que él tiene por prerromanas, «se han hecho en una zona que fue basurero y en donde han sido hallados materiales pre y protohistóricos, así como de los siglos II-I a. C., donde abundan las cerámicas pintadas, griegas, campanienses, paredes finas y en menor proporción, aretinas, así como algún epígrafe ibérico y una gran diversidad de objetos de lo más variado», materiales de amplia cronología que, con la excepción de los supuestos productos griegos, resultan semejantes a los documentados en la Campaña de 1998, en contextos nunca anteriores a mediados del siglo I a. C.
Asimismo, la existencia de áreas arqueológicas de diferentes características y naturaleza permite ofrecer una visión de conjunto de los diversos componentes de una ciudad romana al visitante. A todo ello se suma la buena conversación de los restos arquitectónicos, como algunos alzados con alturas de más de dos metros.
 
El Foro: Complejo arquitectónico monumental, que constituía la plaza pública y el centro cívico de la ciudad, integrado por los edificios propios de un municipio: la Basílica, la Curia y otras dependencias municipales. En el lado oriental de la plaza se articula el desnivel del terreno con un espléndido Criptopórtico, mientras que en su lado occidental una serie de tabernae (locales de diverso uso), flanquean el Cardo Máximo.
Urbanismo: Se han documentado diferentes tramos de calles empedradas y porticadas (cardines y decumani), que delimitan manzanas (insulae) regulares, definiendo la trama urbana ortogonal de la ciudad. Éste constituye un ejemplo privilegiado de urbanismo romano en el centro de la Península.
     La noticia de mayor antigüedad sobre Ercavica se remonta al primer cuarto del siglo II a. C., cuando la ciudad, calificada como nobilis et potens civitas, se rindió a T. Sempronio Graco el 179 a. C. (Livio 11, 50, 1). Ptolomeo (2, 6, 57), por su parte, menciona dos ciudades con ese nombre, una entre los Celtíberos y otra entre los Vascones. Con la ciudad celtibérica se han vinculado las monedas con la leyenda en alfabeto ibérico erkavika, aceptando de forma general la ubicación de esta ceca, así como de la ciudad citada por las fuentes, en el Castro de Santaver, solar de la ciudad romana del mismo nombre, asumiendo por tanto la continuidad topográfica entre ambas entidades urbanas, sin otros argumentos que el hecho de utilizar ambas el mismo topónimo.
     La escasa entidad de los materiales aparecidos en el Castro de Santaver con cronologías anteriores a la segunda mitad del siglo I a. C., unido a la existencia de un importante yacimiento con entidad urbana a pocos kilómetros aguas arriba del Guadiela, desaconseja ubicar el núcleo celtibérico en el solar donde se levanta la ciudad romana, en la que, con la excepción de algunos raros materiales pertenecientes a la Edad de Bronce o de cerámicas celtibéricas de amplia cronología, los contextos significativos más antiguos remiten a época tardorrepublicana, hacia la segunda mitad del siglo I a. C., llegando hasta época augustea temprana.
     El desarrollo urbanístico de la ciudad comenzaría en época de Augusto, cuando debió programarse su monumentalización, de modo semejante a lo identificado en otras ciudades del entorno, como Segobriga o Valeria. Con dicho programa cabría relacionar, igualmente, la construcción de la muralla. La construcción de una obra de tal envergadura podría tener que ver, tal como se ha señalado para Segobriga, con la obtención por parte de la ciudad del estatus municipal, lo que debió de producirse durante el principado de Augusto.
     Plinio (N. h. 3, 24) proporciona información sobre el estatuto jurídico de la ciudad en fecha anterior al año 12 a. C., incluyendo a Ercavicaentre los municipios del Conventus Caesaraugustanus que denomina latini veteres, esto es, municipios de derecho latino cuyo privilegio sería anterior al otorgamiento general del ius Latii en Hispania por Vespasiano. El rango municipal de la ciudad, adscrita a la tribu Galeria, es indicado por las leyendas monetales desde las emisiones de Augusto, que se sitúan a partir de los años 17-15 a. C., (11-10a. C., según otros autores). Por su parte, la presencia de magistrados municipales (IIviri) está documentada por la epigrafía desde la época de Tiberio. Con el programa de monumentalización augustea cabe relacionar, también, la organización del conjunto foral, aunque la actividad edilicia se mantendría en época julio-claudia, momento en el que se construirían las Termas de la ciudad. La pujanza de Ercavica durante este período queda puesta de manifiesto por la numismática, ya que el municipio ercavicense fue centro emisor de moneda durante los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula.
Tampoco deben considerarse las monedas de cecas ibéricas y celtibéricas recuperadas en el Castro de Santaver en número reducido (Gomis, 1995: 101 s.) como un argumento sobre la antigüedad de la ciudad, pudiendo ser interpretadas como una muestra de la circulación residual existente en la zona en la segunda mitad del siglo I a. C., similar a lo identificado en otras ciudades de la zona, como Segobriga (Almagro-Gorbea y Abascal, 1999: 

     Osuna (1993: 19 y 1997: 170 s.) se refiere, asimismo, a la existencia de una necrópolis, actualmente bajo las aguas del pantano de Buendía aunque su localización exacta sea desconocida, en la que en 1992 se recuperó un lote de cerámicas griegas pertenecientes a talleres del siglo V a. C. como Saint Valentin, Fat boy o áticas de barniz negro. La falta de materiales de cronología similar en el Castro de Santaver, así como el fuerte desnivel y la distancia existente entre éste y la zona donde al parecer se localizaría la necrópolis, desaconseja la vinculación entre ambos yacimientos, frente a lo sugerido por Osuna, para quien se trata de «la necrópolis de la Ercávica prerromana». Tampoco parecen aceptables otras propuestas (Burillo, 1998: 221 s.) que consideran la posibilidad de que dicha necrópolis pudiera depender de otro núcleo prerromano próximo, interpretado como la Ercavica indígena, dada la excesiva distancia, como se verá a continuación, existente entre ambos.
     La existencia de un importante yacimiento prerromano con entidad urbana a sólo 6 km. aguas arriba del Guadiela, en el término municipal de Alcocer (Guadalajara) ya había sido advertida en diferentes ocasiones (Bendala et alii, 1987: 132; Fuentes, 1993: 173 s.; Burillo, 1998: 232). El lugar, conocido como La Muela (Alcocer, Guadalajara), se localiza en la margen derecha del río, ocupando una extensa península amesetada, de superficie prácticamente llana, ligeramente basculada hacia el sureste, con una superficie de unas 37 ha. Presenta marcados desniveles hacia el río, situado al sur, destacando apenas del terreno hacia el norte (figs. 1 y 2). Su proximidad a la Ercavica romana, en la margen contraria, permite sugerir su identificación con la ciudad indígena epónima.
  Tal ubicación responde a lo que Burillo (1998: 258 ss.) ha denominado «ciudades de llano», en las que las cualidades defensivas del terreno no priman al elegir el emplazamiento. Dichas ciudades surgen en el Valle Medio del Ebro con posterioridad a las Guerras Celtibéricas, teniendo como ejemplos de las mismas, la Bilbilis celtibérica, en Valdeherrera
 Referencias a la ciudad:
-Las fuentes antiguas:
La noticia más antigua conocida sobre la ciudad de Ercavica la proporciona Tito Livio, en relación con la conquista romana del siglo II a. C., al referirse a la campaña de Tiberio Sempronio Graco en el 179 a. C., indicando que éste se dirigió a Ercavica, nobilis et potens ciuitas, que tras cinco días de resistencia se rindió los romanos, temiendo lo sucedido a otros pueblos vecinos. No obstante, tras la retirada de las tropas romanas, los de Ercavica se sublevaron, siendo finalmente derrotados por Graco en una gran batalla librada contra las ciudades celtibéricas, cerca del Mons Chaunus.
Las restantes noticias de las fuentes literarias se refieren ya a la ciudad romana, señalando Plinio su adscripción jurídica al Conuentus Caesaraugustano, y apuntando Ptolomeo la existencia de dos ciudades de nombre Ercavica, una entre los Celtíberos y otra entre los Vascones.

-La numismática: Se conocen sólo unas treinta monedas, sin procedencia, con la leyenda en alfabeto ibérico erkavika, pero sus características metrológicas y estilísticas lleva a reconocerla como ceca celtibérica. Se acepta la existencia de dos emisiones monetales en bronce, habiendo diferencias entre los autores en su atribución cronológica, ya que unos sitúan estas emisiones en la segunda mitad del siglo II a. C. y otros las llevan a mediados del siglo I a. C. Las monedas de cecas ibéricas y celtibéricas recuperadas en el Castro de Santaver, en número reducido, no ofrecen un argumento contundente sobre la antigüedad de la ciudad, ya que pueden ser interpretadas como una muestra de la circulación residual existente en la zona, en la segunda mitad del siglo I a. C., similar a lo identificado en otras ciudades próximas, como Segobriga.
No obstante, sí parece aceptada la identificación de la ciudad, citada por Livio, con la ceca celtibérica de erkavika, pero no tanto su localización, ya que aunque se suele considerar como más probable su reducción al Castro de Santaver, otros autores creen que la ciudad debe buscarse en la margen derecha del Ebro, identificando la población vascona, mencionada por Ptolomeo, con la citada por Livio y con la ceca indígena.



--- Kelin


El yacimiento de Los Villares, identificado como la antigua ciudad ibérica de Kelin a partir de los estudios numismáticos, se encuentra en el término municipal de Caudete de las Fuentes (Valencia) y tiene una extensión aproximada de 10 hectáreas. Se sitúa cerca del nacimiento del río Madre, en una loma que se eleva 800 m.s.n.m., destacando sobre el llano circundante. El carácter estratégico de su ubicación viene marcado por su proximidad a dos vías de comunicación que permitían el contacto entre el litoral mediterráneo y la meseta interior, de Este a Oeste, y entre Aragón y la Alta Andalucía, de Norte a Sur.
La población que se instala, a principios del siglo VII  a.C., en el cerro de Los Villares tiene una cultura material característica de un Bronce Final avanzado que recibe de forma casi inmediata productos procedentes de la costa.
Hasta inicios del VI a.C. existe una secuencia ininterrumpida de fases constructivas y remodelaciones de los espacios habitados y de circulación que apenas se intuyeron en las publicaciones anteriores (Mata, 1991, 24; Mata et alii, 1999).
Las viviendas son alargadas, separadas en algunos casos por estrechos pasillos, sin apenas divisiones internas y con un hogar circular, plano o en cubeta. Las paredes son de adobe sobre un zócalo de dos hiladas de piedras pequeñas.

Los olcades de Kelin se cree que eran de etnia o estirpe celta, pero con costumbres íberas ya fueran edetanas o contestanas, es decir, procedían de la cultura de la Tene asentados cerca de la Comunidad Valenciana. Así  vemos que eran fronterizos con la Edetanía o Contestanía. Son más bien lo que llamamos Celtíberos, ya que eran como hemos dicho pertenecían a las antiguas oleadas de pobladores llegados a la península que posteriormente adquirieron la cultura de los íberos.
Alcanzó su máximo esplendor en torno a los siglos IV-III a. C., llegando a convertirse en capital de un amplio territorio ibero que superaba los actuales límites administrativos de la comarca de Requena-Utiel. Como lugar central, Kelin estructuró su territorio mediante una red de asentamientos interdependientes con funciones diversas y complementarias, tanto defensivas como productivas.
El poblado tan sólo conserva posibles tramos de muralla o de muro perimetral en su lado oeste y todavía no ha sido localizada su necrópolis. Por otro lado, tal y como era práctica habitual entre los iberos, se han hallado algunos enterramientos infantiles en el interior de las casas, normalmente bajo pavimentos y/o muros.
Se conoce su existencia desde mitad del siglo XVIII, aunque no fue hasta mediados del siglo XX cuando comenzaron las excavaciones arqueológicas. En él se han realizado, entre 1956 y 2002, 23 campañas centradas en una superficie de unos 1000 m2, en los que se ha podido constatar una dilatada cronología. La loma de Los Villares se ocupa ininterrumpidamente desde inicios de la Edad del Hierro (aproximadamente en el 680 a. C.) hasta época iberorromana (75 a. C.), ofreciendo una horquilla cronológica excepcional en el registro arqueológico valenciano.

Su larga ocupación permite ver la evolución de su estructuración interna y su arquitectura. En los niveles fundacionales del siglo VII a. C. se observa un urbanismo incipiente, con habitaciones rectangulares sin divisiones internas separadas por estrechos pasillos. En el Ibérico Pleno (siglo IV-III a. C.), por contra, el poblado se caracteriza por presentar un urbanismo mucho más complejo, lo que se traduce en calles anchas que permiten el tránsito de carros. Éstas se entrecruzan formando un plano ortogonal con manzanas constituidas por grandes viviendas, de entre 80-100 m2. Su espacio interior aparece dividido en varias estancias, algunas de ellas con una funcionalidad específica. La habitación principal de las viviendas se dedica a múltiples labores (cocina, descanso, etc.), puesto que es donde se encuentra el hogar central, mientras que los departamentos más alejados de las puertas actúan como almacenes y/o despensas. Una de las viviendas ha sido interpretada como la casa de un rico comerciante, ya que cuenta con una bodega donde se han documentado más de 70 ánforas fragmentadas. En toda la casa hay un total de 98 recipientes grandes, entre ánforas y tinajas, lo que permitiría el almacenaje de unos 7.460 litros. Además, también cuenta con un pequeño taller de forja, así como otro tipo de bienes que denotan su elevado estatus (una pulsera de plata, cerámicas de importación, etc.).



El hallazgo, en 1979, de una copa jonia sirvió para identificar y datar el primer lote cerámico indígena del siglo VI; en cambio, el espacio donde se encontraron apenas aportó información al estar muy incompleto. Estos materiales ya se han publicado con anterioridad por lo que no se van a tratar con detalle pero, por su interés, se recogen aquí algunas de las piezas a torno por ser las más significativas del siglo VI: dos tinajas pintadas, una de ellas con hombro carenado como las ánforas, un plato gris y una urna de orejetas también en gris.
Los materiales encontrados son, sobre todo, cerámicos, aunque también hay una varilla de hierro y un fragmento de molino barquiforme.
Kelin acuña moneda propia durante un corto periodo de tiempo entre la segunda mitad del siglo II y comienzos del I a. C. Las monedas, ases y semis, son de bronce y formarían parte de una emisión muy limitada, destinada a usos locales y cotidianos.

 

Asociados a cerámicas del siglo VI, hay dos hogares  formalmente distintos a los datados en el siglo VII que en Los Villares son siempre circulares.
En el siglo V ya han desaparecido las importaciones fenicias y todavía no han llegado masivamente las púnicas y griegas, de ahí alguna de las dificultades existentes para aislar ajuares y niveles de esta  cronología.
 
Las aproximaciones al cómputo demográfico apuntan a que el poblado, durante esta fase, pudo contar con una población de entre 3.800 - 4.000 habitantes. La vida del mismo parece llegar a su fin de forma violenta en torno al 80-75 a. C., tal y como se deduce del estudio de las importaciones y la numismática. Se ha planteado la posibilidad de que Kelin tomara partido en la guerra civil que sufrió la República romana durante esos años.
El material recuperado es, ante todo, cerámica a torno de clase A –oxidante y reductora- y B, junto a un pequeño porcentaje de cerámica a mano; entre las importaciones hay un fragmento de cerámica ática y otro de ánfora fenicia; los objetos de hierro tienen una presencia mayor que en el siglo anterior.
Los asentamientos son de nueva planta y buscan nuevos emplazamientos, más cercanos a las tierras de cultivo.
Excepto dos de ellos, todos se sitúan en elevaciones más o menos destacadas y son de tamaño medio o pequeño
(< 4 ha). El único lugar parangonable a Kelin por tamaño, volumen y calidad de los materiales es Requena, pero dado el estado actual de la información no se puede decir mucho más al respecto. En consecuencia, se puede afirmar con rotundidad que el asentamiento mayor era Los Villares, donde los materiales y construcciones de esta cronología se han localizado en diversos puntos de su superficie (Mata, 1991, cuadro 1 y lám. I; Mata et alii, 2001 a, 83 y b, 319), manteniendo las dudas razonables sobre Requena.
Las ánforas fenicias llegan a casi todos estos lugares, pero en Los Villares, además, se encuentran tinajas, trípodes, barniz rojo, así como algunas imitaciones a mano y a torno; en Requena, hoy por hoy, falta el barniz rojo. Es decir, se aprecia una distribución selectiva de productos desde los centros mayores: Requena es el lugar más próximo a la vía de comunicación desde la costa, por lo que el control de la misma le permite conseguir productos variados; Los Villares es el destino principal de estos productos exóticos; los demás asentamientos, situados al Norte y al Oeste de Los Villares, reciben vino fenicio como forma de mantener fidelidades y asegurar una explotación adecuada de las nuevas tierras.
El gran salto poblacional se produce a lo largo del siglo VI contabilizándose 39 asentamientos de esta cronología.
La mayoría se ubican en el llano o sobre ligeras elevaciones y se configuran como lugares abiertos, con escasa
densidad de material. Esto ha llevado a interpretarlos como hábitats, con poca población, dedicados a actividades agrícolas que, en algún caso, pudieron tener carácter estacional.
Es, en este momento, cuando en Los Villares/ Kelin se producen las primeras transformaciones significativas
en la organización interna del asentamiento, cuando llegan las primeras cerámicas griegas y los objetos de hierro son más numerosos. En cuanto a la agricultura, el registro carpológico muestra una mayor presencia de semillas de vitis, lo que significa que el cultivo de la vid se va consolidando.
No es descabellado pensar que la fundación de nuevos asentamientos se dirigió desde Kelin con el fin de ocupar nuevas tierras para el cultivo, obtener recursos minerales y, con los lugares en alto, poner las primeras bases de control del territorio. Las manifestaciones religiosas de carácter territorial quedan plasmadas en la frecuentación de la cueva del Puntal del Horno Ciego (Martí Bonafé, 1990).
Su destrucción podría ser consecuencia del correctivo que Roma aplicó a aquellas ciudades iberas que apoyaron al bando derrotado, el sertoriano.